Portada del sitio > Contactos > La Izquierda Diario - Libertades democráticas
http://www.laizquierdadiario.com/Libertades-Democraticas
Artículos
-
No nos resignemos a este sistema, la salida es colectiva, que las pibas y pibes se involucren
23 de marzo, por A 50 años del Golpe — Política, Libertades Democráticas, Opinión, Lesa humanidad, Genocidio, Jorge Julio López, Impunidad, Golpe de Estado, Dictadura cívico-militar-eclesiástica, Crímenes de lesa humanidad, Astillero Rio Santiago, Terrorismo de Estado, Dictadura, A 50 años del Golpe, Memoria, 50 años del golpe de Estado de 1976, Política, Libertades Democráticas, Opinión, Lesa humanidad, Genocidio, Jorge Julio López, Impunidad, Golpe de Estado, Dictadura cívico-militar-eclesiástica, Crímenes de lesa humanidad, Astillero Rio Santiago, Terrorismo de Estado, Dictadura, A 50 años del Golpe, Memoria, 50 años del golpe de Estado de 1976
Desaparecidos de hace 50 años que siguen siendo encontrados. Mientras, los verdugos de Julio López, secuestrado por segunda vez hace 20, siguen impunes. ¿Qué le cabe la generación que integran tantas nietas y nietos? El abuelo de la autora es Luis Constrisciani, miembro de la Comisión Interna del Hipódromo de La Plata y militante del PRT, detenido en 1976 a sus 25 años. Sigue desaparecido. Ella estudia en la UNLP y milita en el PTS.
(Esta columna integra el dossier Reflexiones a 50 años del Golpe: una lucha incansable contra el negacionismo, el olvido y el silencio, que podés ver acá)
Me di cuenta de que eran 50 años cuando pensé que este año mi papá también los cumplía, ya que él sólo tenía unos meses cuando se llevaron a mi abuelo en diciembre del 76.
Me genera un sinfín de emociones, ya que una podría pensar que este año celebramos la vida de una forma especial a la vez que se cumple un nuevo aniversario de un momento altamente marcado por la muerte. Así que las emociones son dobles.
Me emociona también ver una juventud conmovida por estos hechos, que mueve información por redes sociales, que nos invitan a los familiares a contar nuestra historia en diferentes espacios y que se prepara para marchar el martes con su amigo, su pareja, su familia o solos.
Tengo sentimientos encontrados respecto a esto último. Me gustaría que todos los años sea número redondo, que todos los años esta constante alusión a la memoria esté en todos lados y que todos los años seamos miles, cientos de miles preparándonos para llenar la calle.
Coyunturalmente nos encontramos ante un gobierno abiertamente negacionista, que niega a los 30 mil, que vino a intentar seguir con el plan económico que impuso la dictadura, que habla de una memoria “completa” para justificar un genocidio. Entonces siento que hoy movilizarse también es un posicionamiento político, que seamos miles en las calles es plantarnos y decir “acá estamos”, sostener los carteles y banderas con sus rostros y sus ideas es una forma de tenerlos más cerca y también de tener presentes sus luchas.
Hay un hecho de los últimos días que personalmente me conmovió. Es lo acontecido en La Perla (emblemático ex centro clandestino de detención de Córdoba) y, especialmente, el relato de Soledad, hija de Mario Nívoli (cuyo cuerpo es uno de los doce encontrados ahí e identificados por el Equipo Argentino de Antropología Forense).
Soledad contaba cómo se había enterado del hallazgo del cuerpo de su padre y afirmaba que “ya no es hija de un desaparecido”, que ahora tiene una certeza que le faltó toda su vida. Me angustió varios días pensar que nosotros y muchos más no tenemos ni ésa ni muchísimas otras respuestas sobre el destino de nuestros familiares.
Si miramos hacia atrás, es imposible que no aparezca el nombre de Jorge Julio López, un sobreviviente de la dictadura que fue nuevamente secuestrado en 2006 mientras sucedía el juicio contra su torturador, Miguel Etchecolatz. Me parece de total relevancia, ya que hasta el día de hoy continúa desaparecido y porque su secuestro tuvo un total encubrimiento por parte del Estado. ¡En plena “democracia”!
La frase “¿a qué te podés acostumbrar?” marcó mi adolescencia y la lleno de preguntas que aún busco responder.
Violeta Contrisciani junto a Valentina Busi, familiar de Liliana Galletti Busi, desaparecida en 1977. Quiero que los pibes y pibas que lean esto se involucren, pregunten, escuchen, busquen información, que sean curiosos, que no se resignen al sistema que nos ofrecen. Porque antes que nosotros, hace 50 años, hubo una generación de pibes que no se resignaron, que lucharon por lo que creyeron justo y dieron su vida por su causa.
Hubo también una generación, la de mi viejo, que también se organizó y luchó en los 90 contra el menemismo y sus leyes de impunidad, protagonista entre otras cosas de las heroicas jornadas revolucionarias de diciembre de 2001.
Esta tercera generación, la que integramos millones de pibas y pibes entre quienes estamos las nietas y los nietos, no puede quedar al margen de ese enorme legado.
Personalmente me marcó mucho mi viejo Juan y su historia de vida. Me acuerdo de preguntarle a él y a mi vieja mil cosas sobre la dictadura, las cosas que iban pasando o cuál era el objetivo de las marchas a las que íbamos.
Mi papá trabaja hace muchos años en el Astillero Río Santiago, una fábrica estatal que fue muy atacada, pero que resistió a las privatizaciones de Menem y Duhalde en los años 90 y el intento de dinamitarla de María Eugenia Vidal en 2018. Me acuerdo las grandes movilizaciones en Plaza San Martín de La Plata para defender al Astillero.
Me conmovió mucho verlo a él a la cabeza, con sus compañeros, y a la unidad obrero estudiantil que se generó con los pibes que estábamos en centros de estudiantes de las escuelas. Ahí muchas preguntas empezaron a formarse y otras a tener respuestas.
Así que les diría a las miles de pibas y pibes de mi generación que pregunten y escuchen, que la salida es colectiva y que construir lazos solidarios, comunidad, es lo que nos va a dar la fuerza para pelear contra las injusticias de hoy, que son las mismas contra las que peleaban los 30 mil.
Foto Enfoque Rojo
Política / Libertades Democráticas / Opinión / Lesa humanidad / Genocidio / Jorge Julio López / Impunidad / Golpe de Estado / Dictadura cívico-militar-eclesiástica / Crímenes de lesa humanidad / Astillero Rio Santiago / Terrorismo de Estado / Dictadura / A 50 años del Golpe / Memoria / 50 años del golpe de Estado de 1976 -
Alejandrina Barry: “La pata civil de la dictadura sigue dirigiendo los destinos del país"
23 de marzo, por 24M — Política, Ciudad de Buenos Aires, Libertades Democráticas, Partido de los Trabajadores Socialistas (PTS), Dictadura cívico-militar-eclesiástica, Alejandrina Barry, Jorge Rafael Videla, Frente de Izquierda y de Trabajadores - Unidad (FITU), A 50 años del Golpe, 50 años del golpe de Estado de 1976, Política, Ciudad de Buenos Aires, Libertades Democráticas, Partido de los Trabajadores Socialistas (PTS), Dictadura cívico-militar-eclesiástica, Alejandrina Barry, Jorge Rafael Videla, Frente de Izquierda y de Trabajadores - Unidad (FITU), A 50 años del Golpe, 50 años del golpe de Estado de 1976
La legisladora porteña (MC) del FIT-U e hija de desaparecidos relató su historia en una entrevista en AM650 con Úrsula Vargues. Desde su niñez y cómo la dictadura utilizó su imagen en revistas de la editorial Atlántida como parte de una campaña de acción psicológica para justificar el terrorismo de Estado, pasando por su lucha por los derechos humanos. Alejandrina reivindicó la lucha colectiva de esa generación y sostuvo que, "a 50 años del golpe, tenemos que estar todos y todas en las calles este 24 de marzo".
Alejandrina Barry, legisladora porteña (MC) del PTS en el FIT-U y referente de los DDHH brindó una entrevista al programa Somos Argentina de AM650 conducido por Úrsula Vargues. Relató cómo la dictadura utilizó su imagen de niña en revistas de la editorial Atlántida como parte de una campaña de acción psicológica para justificar el terrorismo de Estado.
Hija de desaparecidos y querellante en las causas Cóndor y ESMA, reivindicó la lucha colectiva de esa generación y sostiene que, a casi 50 años del golpe, la pelea por Memoria, Verdad y Justicia sigue vigente frente a la impunidad de civiles, medios y sectores del Poder Judicial que aún no han sido juzgados.
"La historia de persecución de mi familia comienza mucho tiempo antes. Mi mamá es secuestrada en el 74 y permanece los últimos meses de embarazo en 'El pozo' de Banfield. Luego la trasladaron al penal de Olmos y yo nazco allí", advirtió.
Después, se da el operativo en Uruguay donde Fuerzas Armadas Conjuntas, argentinas y uruguayas, en el que secuestran a su padres y los matan. A sus tres años con los medios de la época como la editorial Atlántida a la cabeza montan una campaña de manipulación publicando diferentes artículos en los que se la mostraba como víctima de sus padres.
"Lo que los militares llamaban medidas de acción psicológica y de propaganda sobre la población civil", explicó y agregó, sobre la importancia de la fecha que "cada 24 de marzo se actualiza porque la pelea por memoria, verdad y justicia sigue vigente".
A los 13 años Alejandrina tomó conciencia de esos hechos y comenzó una búsqueda que, "como siempre cuento, nuestras búsquedas empezaron por lo individual, pero inmediatamente se transformaron en una búsqueda colectiva que fue toda la pelea durante décadas de los sobrevivientes de la dictadura, de las Madres, las Abuelas, los organismos, porque había una solidaridad enorme de los compañeros de militancia que salieron de los campos de concentración, por ejemplo, para que te contaran qué era lo que había pasado con tus familiares", relató.
"A mí lo que me surgió es todo lo contrario, es una reivindicación muy profunda de lo que eran ellos, de por lo que peleaban y por lo que peleaba toda esa generación. Por eso desde muy joven, empecé a militar en los derechos humanos y también en en la izquierda".
"En estos momentos se está desarrollando, con mi compañera Myriam Bregman, el juicio de Vicky Walsh, cofundadora del CEPRODH, de la masacre de la calle Corro. Bueno, estamos hablando 50 años después que recién comienza este juicio. Ni que hablar de la pata civil de la dictadura. Los grandes medios de comunicación fueron parte de esa pata civil con la que nadie se quiso meter. Los medios, los el poder judicial. No se quiere avanzar nada en las causas contra los civiles. Son contados con dedos de una mano, algunos particulares que se haya podido avanzar. Pero más bien han mantenido la protección y la impunidad hasta el día de hoy", explicó en referencia a la vigencia de esta pelea para juzgar a todos los partícipes del genocidio.
"La lucha de tantos años que dimos contra la impunidad en este país, que sin esa lucha no hubiéramos conseguido enjuiciar a los genocidas que logramos enjuiciar, sirve mucho para la pelea del presente, y muchas de esas cosas que por las cuales ellos peleaban que tienen mucha actualidad: las guerras imperialistas que lanza EEUU, el genocidio en Gaza tienen que ver con la lucha de esa generación contra la guerra de Vietnam, pro la defensa de las conquistas de la revolución cubana. Tenemos que pensar cómo retomar esas banderas de esa generación que hoy se actualizan", agregó.
Volviendo atrás, a su lucha contra Atlántida explicó que "presentamos muchísimas pruebas sobre su participación directa en el genocidio, o sea, no es que lo solo hacían propaganda en general, eran parte de los operativos como en este caso conmigo, con mis padres y con el resto de militantes que habían sido traslados a la ESMA y no los llaman a declarar".
En el documental "La construcción del enemigo" se ve claramente. Alejandrina explicó que hoy también hay que pensar que el gobierno también tiene como método esa construcción de un enemigo. La baja la edad de punibilidad, es un ejemplo del que puede hablar porque trabajó 20 años como operadora social en Villa 21/24.
"Es esa construcción de los males de toda la sociedad en medio de un ajuste tremendo sobre las condiciones de vida, en la que se aprueban leyes como la reforma laboral con cómplices en todos los partidos, que era un sueño que tenía Videla. parece que ahora los males de toda la sociedad son los pibes y las pibas, adolescentes a los cuales hay que meter en cana. Y en este país hay más jóvenes encarcelados que genocidas", dijo.
"Este 24 tenemos que estar todos y todas en las calles, vamos a estar junto a Myriam Bregman en la columna del PTS, no solo acá en la Ciudad de Buenos Aires, sino en todo el país, para seguir peleando por memoria, verdad y justicia. Tiene que ser una demostración masiva, enorme contra el negacionismo, porque fueron décadas para que logremos demostrar que en este país hubo un genocidio, con la vigencia que tiene hoy tiene que tener mucho peso en esta plaza", agregó.
"Yo siempre digo que sin atacar el poder económico no hay nunca más. Por eso es tan importante y no tiene que ver con el pasado, sino con nuestro presente. Con nuestro presente", finalizó.
Política / Ciudad de Buenos Aires / Libertades Democráticas / Partido de los Trabajadores Socialistas (PTS) / Dictadura cívico-militar-eclesiástica / Alejandrina Barry / Jorge Rafael Videla / Frente de Izquierda y de Trabajadores - Unidad (FITU) / A 50 años del Golpe / 50 años del golpe de Estado de 1976 -
A 50 años del golpe, un represor condenado a perpetua pide salidas transitorias
23 de marzo, por Mendoza — Política, Mendoza, Libertades Democráticas, Dictadura cívico-militar-eclesiástica, 24 de Marzo, Genocidas, 50 años del golpe de Estado de 1976, Política, Mendoza, Libertades Democráticas, Dictadura cívico-militar-eclesiástica, 24 de Marzo, Genocidas, 50 años del golpe de Estado de 1976
Juan Carlos Alberto Santa María, ex jefe de la División II de Inteligencia de la IV Brigada de la Fuerza Aérea y responsable del centro clandestino Campo Las Lajas (Las Heras), solicitó salidas transitorias mientras sostiene el pacto de silencio
El 19 de marzo, el Tribunal Oral en lo Criminal Federal Nº1 publicó en el Boletín Oficial un llamado a víctimas y familiares para participar de la audiencia del 26 de marzo, en la que se resolverá su pedido.
¿Quién es?
El comodoro Santa María fue señalado en el VI Juicio contra los genocidas como responsable de la desaparición del docente y primer rector de la Universidad Nacional de San Luis, Mauricio Amílcar López, secuestrado el 1 de diciembre de 1977 y detenido en Campo Las Lajas.
Según el sitio Lesa Humanidad Mendoza, su legajo da cuenta de una extensa carrera en inteligencia: en 1976 realizó el curso de oficial de Inteligencia del Estado Mayor, fue auxiliar en la IX Brigada Aérea y luego trasladado a Mendoza. Desde 1980 continuó en funciones similares en otras regionales.
Junto a su predecesor, tuvo un rol central en la toma de decisiones de la IV Brigada Aérea. Además, estuvo a cargo de la Compañía de Policía Militar (1976–1979), unidad que participó en operativos represivos como el de la familia Pérez-Pereyra y la segunda detención de Segundo Isau Alliendes.
Las Lajas
El predio del campo Las Lajas se sitúa en el pedemonte mendocino a unos 25km de la ciudad de Mendoza. Allí, se instaló un centro clandestino de detención, que testigos aseguran, podría haber sido el último destino de personas detenidas en otros centros como el D2 que es señalado también como centro de paso. En la causa Las Lajas testigos aseguraron que ese era un lugar de exterminio.
Emilio Alberto Luque estuvo detenido en “Campo Las Lajas” en octubre de 1976, en su testimonio, publicado en Lesa Humanidad Mendoza, declaró que a él “lo condujeron a una construcción de chapa donde había muchas sillas con personas vendadas y atadas, dispuestas en un gran círculo. De a ratos, inclinando su cabeza hacia atrás, podía mirar por debajo de la venda: calculó que se trataba de unas quince personas, algunas de las cuales hablaban.” Y que “También a un interrogador que se hacía llamar “el cura” porque se jactaba de “crucificar” a quienes mentían.”
Por su parte, Horacio Oscar Ferraris detenido en 1976 en su casa en San Luis y trasladado a Mendoza vendado y atado de pies y manos en el baúl de un auto, declaró en 2018 que fue torturado “a lo largo de medio día, luego de lo cual lo tiraron a un colchón en el piso. Lo alimentaban y llevaban al baño. No volvieron a torturarlo. Días después lo trasladaron a una casilla de chapa con dos ambientes divididos donde había otros tres detenidos varones. Uno de ellos, el único con el que llegó a hablar, se identificó como Mauricio López, exrector de la Universidad de San Luis. Ferraris lo recordó como una persona muy cordial que trataba de calmarlo y de darle aliento. También hablaron sobre un conocido en común, Esteban Agüero.”
Santa María no es un santo, es un genocida
Junto con el Comandante del III Cuerpo de Ejército Luciano B. Menéndez, uno de los personajes más siniestros de la represión, los integrantes del Servicio de Inteligencia de la Fuerza Aérea Argentina, Pedro Esteban Jofré, Osvaldo Antonio Padorno Mesa y Juan Carlos Santa María, fueron imputados por los delitos de privación ilegítima de la libertad agravada, torturas y robo agravado en 2007, 3 años después de la denuncia ante la justicia federal por Campo Las Lajas.
Fue dos veces condenado a prisión perpetua, la primera vez en el VI Juicio (2018) en la causa por la desaparición de Mauricio Amílcar López y la segunda la causa de desapariciones en el Campo Las Lajas en el marco del IX juicio (2023).
El año pasado, en diciembre de 2025 fue imputado nuevamente, junto a 16 ex militares y policías. Hace unos días quedó procesado junto a 14 de ellos por crímenes contra casi 60 niñas, niños y adolescentes. Las imputaciones habían sido solicitadas desde el 2025, en la que la fiscalía identificó al menos cinco patrones de criminalidad dirigidos contra niños, niñas y adolescentes.
El silencio de los culpables
Es importante recordar las palabras de Myriam Bregman “No existen los "exgenocidas": todos ellos siguen cometiendo delitos mientras no nos digan cuál fue el destino de las y los desaparecidos, ni de los niños y niñas apropiados en la dictadura cívico-militar que, al día de hoy, siguen sin recuperar su identidad”.
El campo Las Lajas tiene una extensión incalculable, aun así, testigos han señalado parcelas determinadas en las que se instaló el campamento que funcionó como centro de las torturas.
Se realizaron rastrillajes e inspecciones impulsadas por distintos organismos en las que, hasta ahora, se encontraron restos de carrocerías enterradas a metros de profundidad y dispuestos como material de investigación.
Santa María, como tantos otros, solicita salidas mientras sostiene un pacto criminal en el que no solo no dicen qué pasó con nuestras compañeras y compañeros sino que esconden la verdad sobre donde están ellos y los nietos que faltan.
A principios de este mes, el cura represor Christian Federico Von Wernich también solicitó salidas transitorias, pero la justicia se las negó. Estos personajes siniestros, piezas clave de la cadena represiva, parecen envalentonados por los discursos negacionistas de Milei y Villarruel, que no son más que una muestra de impotencia frente a una memoria que sigue viva.
En pocos días seremos miles en las calles para recordar y retomar la pelea por ese futuro por el que peleaban nuestras compañeras y compañeros detenidos desaparecidos, tenemos que defender y hacer uso de nuestro derecho a la rebelión, para eso hay que organizarse, en memoria y con el impulso vital de nuestros 30000.
Una estudiante de 6to grado de primaria en estos días dijo “ellos no tienen remordimiento ni culpa, si lo tuvieran habrían dicho donde están los desaparecidos. Lo mejor que podemos hacer nosotros es tener memoria”.
-
El genocidio que empezó antes: mi abuelo, la Triple A y las peleas de hoy
23 de marzo, por A 50 años del Golpe — Política, Libertades Democráticas, Opinión, Lesa humanidad, Genocidio, La Noche de los Lápices, Impunidad, Golpe de Estado, Dictadura cívico-militar-eclesiástica, Juan Domingo Perón, Triple A, Crímenes de lesa humanidad, Terrorismo de Estado, Dictadura, A 50 años del Golpe, Memoria, 50 años del golpe de Estado de 1976, Política, Libertades Democráticas, Opinión, Lesa humanidad, Genocidio, La Noche de los Lápices, Impunidad, Golpe de Estado, Dictadura cívico-militar-eclesiástica, Juan Domingo Perón, Triple A, Crímenes de lesa humanidad, Terrorismo de Estado, Dictadura, A 50 años del Golpe, Memoria, 50 años del golpe de Estado de 1976
Recuerdos que no mienten ni un poco. Un abuelo en las garras de la Triple A, antes del Golpe. Una juventud de lucha por verdad y justicia. Y la comprensión de por qué, cómo y contra quiénes se consumó ese genocidio cuyos efectos perduran. El autor es nieto de Juan Deza, miembro del Centro de Profesionales por los Derechos Humanos (CeProDH) y militante del PTS.
(Esta columna integra el dossier Reflexiones a 50 años del Golpe: una lucha incansable contra el negacionismo, el olvido y el silencio, que podés ver acá)
Se cumplen 50 años del Golpe. No puedo evitar recordar muchas escenas, desde que era muy chico. En mi casa siempre se habló del Golpe de Estado, de la dictadura y de los desaparecidos. En particular por la historia de Juan Deza, mi abuelo, el papá de mi viejo, que era militante montonero y fue asesinado en septiembre de 1975 por un comando de la Triple A, a plena luz del día y en un gobierno constitucional. Antes del Golpe.
Me acuerdo de las veces que vimos La Noche de los Lápices con mis viejos, de cómo al principio, en las escenas de tortura, nos tapaban los ojos a mi hermano y a mí diciéndonos que la siguiente vez íbamos a verla completa. Mis primeras marchas fueron los 24 de Marzo, con ellos. Después, ya en el colegio, con mis amigos y resto del secundario, no sólo para el aniversario del Golpe sino también en fechas como el 16 de septiembre, por La Noche de los Lápices.
Nunca pensé esas fechas como efemérides. No, son fechas que miran el pasado para pelear por nuestro futuro. Mucho más hoy, frente a un gobierno negacionista del genocidio y plagado de militantes prodictadura como Victoria Villarruel.
Estoy seguro que la vicepresidenta sabe mucho más de lo que pasó con mi abuelo que mi propia familia. Ella se llena la boca hablando de “memoria completa”, pero forma parte de esa gran “familia” que en más de 40 años de “democracia” logró que ningún gobierno constitucional abriera todos los archivos de la represión. Ella y los suyos siempre buscaron, ante todo, la impunidad.
Esa impunidad contra la que tantos familiares y compañeros de lucha batallamos desde el principio. Desde aquella primera ronda de las Madres, en 1977, en la que simplemente preguntaban dónde estaban sus hijos. Medio siglo después, seguimos peleando por Memoria, Verdad y Justicia porque sabemos que están dispuestos a hacerlo de nuevo.
Aquel golpe y aquel genocidio fueron la respuesta que tuvieron el imperialismo y los dueños del país cuando vieron amenazado su poder por parte de una joven generación de trabajadores, estudiantes, intelectuales y artistas que en Argentina pusieron realmente en jaque al capitalismo.
Entonces, 50 años después, seguir peleando por la apertura de los archivos, por cárcel común, perpetua y efectiva, y organizándonos para enfrentar los planes que hoy tienen los dueños del país, el FMI y el imperialismo, es el mejor homenaje que podemos hacerles a nuestras 30 mil compañeras y compañeros detenidos desaparecidos.
De Videla a López
Recuerdo mucho las movilizaciones de 2006 por la aparición con vida de Jorge Julio López. Yo estaba terminando el secundario y se habían reabierto los juicios de lesa humanidad gracias a la lucha dada durante años por el enorme movimiento de derechos humanos contra las leyes de Obediencia Debida y Punto Final de Alfonsín y los indultos de Menem. Fue después de la rebelión popular del 2001 que se logró voltear esas leyes nefastas.
En esos juicios abiertos no sólo quedó demostrada la potencia de ese movimiento popular por los derechos humanos. También salió a la luz la continuidad que, después del golpe, tuvieron los genocidas en distintos resortes del Estado y del régimen político. A Julio López, sobreviviente de la dictadura, lo volvieron a desaparecer en medio del juicio contra su torturador Miguel Etchecolatz.
Aún hoy el Estado, por el que pasaron gobiernos de diferentes signos políticos, sigue sin decirnos qué pasó con López y quiénes fueron los responsables de su segunda desaparición. Parece un mensaje clarísimo de los propios genocidas, que décadas después siguen demostrando su influencia sobre los poderes de turno.
Pero también recuerdo la muerte de Jorge Rafael Videla. Uno de los más sanguinarios genocidas, condenado varias veces a perpetua, se pudrió en la cárcel. Fue una muerte emblemática para mi generación. Una muerte que, sin embargo, no pudo tapar el hecho de que la gran mayoría de los genocidas siguen libres y de que la mayoría de los que fueron condenados gozan de lujosas prisiones domiciliarias. Hubieron más de 800 centros clandestinos de detención, menos de 1500 condenados.
La impunidad avanza. Y no es sólo impunidad judicial, sino también impunidad biológica. Miles de genocidas se van muriendo sin haber pisado nunca una fiscalía y mucho menos haberse sentado en el banquillo frente a un tribunal. Mientras, muchas Madres y Abuelas también se mueren, sin saber qué pasó con sus hijos y dónde están sus nietos.
Un ataque de la clase dominante a quienes desafiaron su poder
Durante todos estos años se intentaron ensayar diversas explicaciones de qué fue el golpe, por qué, quiénes fueron y contra quiénes. Empezando por los intentos de explicación de los militares que hablaban de “excesos” cometidos al enfrentar a una “subversión” que era necesario “aniquilar”.
El radicalismo instaló la Teoría de los Dos Demonios, según la cual hubo violencia y excesos de “ambos bandos”. Una igualación insostenible del aparato estatal, apoyado por el empresariado y los grandes medios, y organizaciones populares que incluso militarmente ya estaba derrotadas antes del golpe. Organizaciones que ni siquiera fueron el blanco principal del genocidio, ya que el 75 % de los detenidos-desaparecidos son trabajadores, profesionales y estudiantes.
Otro intento de explicación es el de una “juventud maravillosa” con ideales utopicos, que fueron atacados por un monstruo grande que pisa fuerte. Una subestimación a toda una generación y, sobre todo, a la potencia que significó el desafío al capitalismo argentino, desde el Cordobazo en adelante.
Yo soy de los que piensan que, justamente, a fines de los 60, la dictadura de Juan Carlos Onganía (que aseguraba que iba a “durar décadas”) fue herida de muerte con el Cordobazo. Y que desde entonces las clases dominantes intentaron todo para aplacar esa insurgencia obrera y popular. Desde la salida electoral, a la vuelta de Juan Domingo Perón, hasta el golpe del 24 de marzo de 1976.
Perón no pudo contener esa insurgencia. Hasta persiguió a los propios para defender al capitalismo en Argentina, impulsando y financiando a las bandas fascistas de la Triple A. Ante la impotencia frente a un movimiento que crecía, ante la amenaza efectiva al poder de los dueños del país, se aplicó la versión local del Plan Cóndor, impulsado por el imperialismo y por el que se instauraron dictaduras en toda la región.
En Argentina se llevó adelante un genocidio contra esa clase poderosa que son los trabajadores, sus cuerpos de delegados, sus sindicatos y su alianza con los estudiantes y los sectores populares. Es decir, un ataque de la clase dominante contra quienes desafiaron su poder.
La clase trabajadora resistió y desafió a esa dictadura sangrienta. En 1977 se produjo la enorme huelga ferroviaria, el mismo año que las Madres de Plaza de Mayo daban sus primeras rondas preguntando por sus hijos y nietos, en 1979 el primer paro general y en 1982 el paro con la enorme movilización que se enfrentó a las fuerzas represivas durante horas en los alrededores de Plaza de Mayo. Un proceso que dejó muy herida a la dictadura y la llevó a intentar represtigiarse con la aventura de Malvinas.
Esa clase social, nuestra clase, que fue capaz de resistir, de enfrentar y de derrotar a la dictadura, tiene una potencia que no puede ser subestimada hoy.
Imaginemos si esa fuerza se pusiera en movimiento para enfrentar decididamente los planes del Gobierno, del imperialismo y del Fondo Monetario Internacional. Sin dudas tendríamos altas posibilidades de torcerle el brazo a Milei y todos sus cómplices. Algunos de los cuales posan de opositores y terminan votando como oficialistas. Y otros que, teniendo la responsabilidad de organizar el enfrentamiento en las calles con el paro general, como la CGT traicionan a a los trabajadores a cambio de algunos privilegios particulares.
No estamos para creernos el verso de que el Gobierno está fuerte porque tiene tantos o cuántos votos. Si la fuerza de los trabajadores, unida a todos los sectores atacados por el Gobierno, se pone en funcionamiento de forma democrática, no hay plan que tenga chance de doblegar esa potencia.
Con todas estas banderas nos vamos a movilizar este 24 de marzo, en este aniversario 50 del golpe genocida.
Política / Libertades Democráticas / Opinión / Lesa humanidad / Genocidio / La Noche de los Lápices / Impunidad / Golpe de Estado / Dictadura cívico-militar-eclesiástica / Juan Domingo Perón / Triple A / Crímenes de lesa humanidad / Terrorismo de Estado / Dictadura / A 50 años del Golpe / Memoria / 50 años del golpe de Estado de 1976 -
Si cantara el gallo rojo, otro gallo cantaría
23 de marzo, por A 50 años del Golpe — Política, Libertades Democráticas, Opinión, Lesa humanidad, Genocidio, Impunidad, Golpe de Estado, Dictadura cívico-militar-eclesiástica, La Patagonia Rebelde, Plan Cóndor, Cordobazo, Semana Trágica, Triple A, Crímenes de lesa humanidad, Terrorismo de Estado, Dictadura, A 50 años del Golpe, Memoria, 50 años del golpe de Estado de 1976, Política, Libertades Democráticas, Opinión, Lesa humanidad, Genocidio, Impunidad, Golpe de Estado, Dictadura cívico-militar-eclesiástica, La Patagonia Rebelde, Plan Cóndor, Cordobazo, Semana Trágica, Triple A, Crímenes de lesa humanidad, Terrorismo de Estado, Dictadura, A 50 años del Golpe, Memoria, 50 años del golpe de Estado de 1976
Imposible hablar del 24 de marzo de 1976 sin recordar las masacres que durante todo el Siglo XX el Estado perpetró contra la clase trabajadora y los luchadores. La larga historia que condujo al Golpe y la lucha por los 30 mil, desde la militancia socialista. La autora es abogada, querellante en más de veinte juicios de lesa humanidad, defensora de presos políticos y miembro del Centro de Profesionales por los Derechos Humanos (CeProDH).
(Esta columna integra el dossier Reflexiones a 50 años del Golpe: una lucha incansable contra el negacionismo, el olvido y el silencio, que podés ver acá)
Gracias a La Izquierda Diario por la invitación a compartir experiencias y luchas de más de cincuenta años. Medio siglo en el que, sin lugar a dudas, los distintos gobiernos violaron sistemáticamente los derechos humanos.
Ante todo, una aclaración importante. Los derechos humanos los violan los Estados a través de los gobiernos (de iure o de facto) o de grupos que actúan con su aquiescencia. Se pueden vulnerar los derechos civiles y políticos, los derechos económicos, sociales y culturales (DESC) y el más digno de los derechos, que es el principio de autodeterminación de los pueblos. La experiencia indica que a quienes luchan por los DESC se les terminan cercenando los derechos civiles y políticos.
En Argentina el poder político, en defensa del sistema capitalista, siempre quiso aplastar o cercenar cualquier forma de avance o conquista social. Y lo hizo mediante asesinatos, desapariciones, ejecuciones sumarias, cárcel, torturas, expulsiones del país y todo tipo de criminalización.
El objetivo, siempre el mismo. Disciplinar a la clase trabajadora, a los estudiantes y todo sector social movilizado para imponer un plan económico a favor de los “dueños” del país, empresarios, financistas y extractivitas que generalmente tienen su usina en el Norte del hemisferio. Disciplinar para consumar la gran transferencia de ingresos desde la clase trabajadora a las clases dominantes.
Una larga historia
En el Siglo XX hubo muchas masacres impunes. Como La Semana Trágica de enero de 1919, donde una huelga por mejores condiciones laborales en los Talleres Vasena de Buenos Aires fue reprimida por la Policía, el Ejército y los parapoliciales de la Liga Patriótica , asesinando a más de 700 obreros y dejando miles de heridos. Hubo más de 50.000 encarcelados en todo el país.
En 1929 fueron los crímenes de La Patagonia Rebelde, cuando el presidente constitucional Hipólito Yrigoyen envió a las tropas del teniente coronel Héctor Varela a reprimir el duro conflicto entre trabajadores y estancieros. A pedido de los terratenientes fusilaron a más de mil dirigentes y obreros rurales que encabezaron la huelga por salarios en Santa Cruz.
Y así llegaron los recurrentes “golpes de Estado”, con toda la represión institucionalizada. Uno de ellos, el de septiembre de 1955, fue anticipado en junio de ese año con los bombardeos en la Plaza de Mayo, la Casa Rosada y otras sedes oficiales. Naves de la Fuerza Aérea y de la Aviación Naval buscaban derrocar a Juan Domingo Perón arrojando más de cien bombas, dejando más de 300 muertos y centenares de heridos civiles. Casi todos los conspiradores huyeron a Uruguay. Y la Ley 26.564 amplió a sobrevivientes y familiares de asesinados o desaparecidos acceder al reclamo reparatorio por parte del Estado desde este ataque generalizado contra la población civil.
Hay una prolongación de los conspiradores de esa matanza de 1955 con los genocidas de 1976 como Massera, Montes, Suárez Mason y Zavala Ortiz entre otros [1]. Éste último, luego de refugiarse en Uruguay volvió para ser canciller del presidente constitucional Arturo Illia, puesto desde el que propició mandar marines a Santo Domingo. Recuerdo que se realizó una gran manifestación al Congreso al grito de “¡Zavala Ortiz ándate del país!”. Fue mi primera manifestación junto con compañeros del Partido Socialista Argentino.
Imposible obviar el Plan Conintes (Conmoción Interna del Estado) instaurado en 1960 por el presidente constitucional Arturo Frondizi para perseguir a la resistencia peronista y a los “comunistas” con la doctrina de la Escuela Francesa (usada en Argelia e Indochina). Se militarizó la seguridad interna en base a secuestros, tormentos y exterminios clandestinos. Buscaban detener el avance de las huelgas, sabotajes y otros métodos de lucha de la clase trabajadora.
En esa época se les dio a las Fuerzas Armadas la potestad de juzgar a civiles en tribunales especiales bajo legislación castrense. Así detuvieron a más de dos mil personas, condenado a muchas a prisión. Antecedentes del Terrorismo de Estado que se reproduciría con Onganía, Lanusse, el peronismo con su Triple A y, finalmente, la dictadura genocida de Videla y compañía.
Mediante Ley 17.401, el Estatuto de la Revolución Argentina (así se autopercibía) de Onganía instauró en 1966 el régimen de represión al comunismo, arrogándose la dictadura la facultad de calificar a las personas físicas o jurídicas como “comunistas”, aplicando penas de hasta ocho años de prisión a quienes realizaban acciones proselitistas. Los condenados no podían ejercer cargos públicos ni la docencia, se clausuraron locales partidarios y sindicales, se cerraron imprentas y se expulsó a extranjeros. En las manifestaciones le cantábamos al dictador Onganía: “¡Duro, duro, duro, la 401 se la meten en el culo!”.
Y a fines de mayo de 1969 estalló el Cordobazo, con movilizaciones intensas de obreros y estudiantes (con la dirección de dirigentes clasistas) que terminaron derribando a Onganía
Hubo también una pata judicial de la represión. El ejemplo más claro es el del llamado Camarón (Cámara Federal Penal) creado en 1971 por el dictador Lanusse para perseguir y criminalizar a los integrantes de organizaciones políticas, sindicales o estudiantiles que cometieran acciones calificadas de “subversivos”. Sin pruebas, se aplicaban condenas draconianas.
Lo más espantoso que sucedió en esa dictadura militar de Lanusse fue la Masacre de Trelew del 22 de marzo de 1972. En la Base Almirante Zar fusilaron a 16 militantes que se habían fugado del penal de Rawson. Tres sobrevivieron y luego fueron desaparecidos por la dictadura genocida. Tardíamente el Poder Judicial determinó que fueron crímenes de lesa humanidad.
La previa al Golpe
Imposible dejar de recordar a la Triple A, organización parapolicial insertada en el Ministerio de Bienestar Social conducido por José López Rega con la aquiescencia del gobierno constitucional de Juan Perón y su esposa. Con fondos y armas del Estado salían a fusilar o amenazar a dirigentes políticos, sindicales y sociales, artistas y hasta curas. Desde su revista El Caudillo anunciaba quiénes serían sus próximas víctimas. Asesinaron a más de mil personas, entre ellas a Rodolfo Ortega Peña, Silvio Frondizi y César Robles.
Fue entonces cuando Perón postuló al nefasto Alberto Villar como Jefe de la Policía Federal con el objetivo de “combatir a la subversión”. Esa figura siniestra reprimió hasta a los exiliados en Argentina provenientes de Bolivia, Chile y Paraguay. Intercambiaba información con las dictaduras de esos países y permitió su persecución en nuestro país, dando curso al Plan Cóndor. Villar fue uno de los comandantes de la Triple A.
Si bien la “Justicia” tardía consideró a estos crímenes como de lesa humanidad, el sistema de investigación y prueba se achicó a unas pocas carpetas con fotos para que familiares o sobrevivientes pudieran reconocer a algún atacante. En la práctica no sirvió para casi nada. El fiscal de esa causa era Eduardo Taiano, funcionario no muy proclive a indagar en causas incómodas, hoy denunciado por omisión de persecución en la causa por la criptoestafa $LIBRA. Sólo se declaró como autor mediato a López Rega, pero ya se había muerto. Falleció en la cárcel con prisión preventiva tras su extradición desde Estados Unidos.
En 1975 el Gobierno de Isabel y López Rega puso a Celestino Rodrigo como ministro de Economía, quien provocó una gran devaluación, el aumento del costo de vida, reclamos salariales y paritarias no homologadas por la Presidenta. Tuvo que renunciar e irse del país antes que las movilizaciones obreras lo lincharan.
El mismo gobierno constitucional peronista firmó los decretos de aniquilamiento del accionar de elementos subversivos. El primero lo firmó Isabel para el ámbito de Tucumán, con la eterna “búsqueda de subversivos” cuando, en realidad, lo que se buscaba era aniquilar a los obreros rurales y urbanos que agitaban reclamos sectoriales. Otro decreto lo firmó en octubre de 1975 el senador Ítalo Lúder, extendiendo la consigna a todo el país.
La lucha por los 30 mil
Luego de recordar esos hitos represivos (algunos de los cuáles sufríen persona ycontra los que milité en diferentes ámbitos clandestinos), me pregunto si con posterioridad hay algo que pudiera salir bien. No se llegó al 24 de marzo de 1976 de casualidad. Por eso es necesario señalar esas masacres, que les sirvieron alos poderes de turno para hacer retroceder las luchas populares por cambio en el sistema económico, social y cultural.
Siendo muy joven cayó en mis manos el libro El Estado y la Revolución de Lenin. Allí descubrí la verdad del Estado opresor y del imperialismo. Y también de la necesidad de que la clase obrera conduzca las transformaciones para su liberación. Me afilié al Partido Socialista Argentino.Milité sin espacio físico, porque enseguida vino la dictadura de Onganía.
A los militantes el 24 de marzo no nos agarró por sorpresa. Ni siquiera dormimos en nuestras casas la noche del 23. Comenzamos a agruparnos en secreto, formamos ficticios“ateneos de estudio” porque estaban suprimidas las actividades en partidos políticos y demás organizaciones. Así comenzó la resistencia.
Hubo compañeros quefueron secuestrados del estudio jurídico que compartíamos. Nos mudamos de allí mientras los buscábamos.Por informaciones recolectadas logramos saber que pasaron por Garaje Azopardo y luego por El Vesubio. A esos compañeros les juré reivindicarlos.
Sobreviví. Por eso me alisté para hacer juicios contra el Estado. Primero por los presos políticos a disposición del Poder Ejecutivo Nacional sin causa ni proceso. En 1984,133 exprisioneros políticos encabezaron el reclamo, pero el Poder Judicial (a pedido de Alfonsín) consideró que la acción estaba “prescripta”. Finalmente logramos la intervención de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos .
Luego vivimos con insatisfacción el Juicio a las Juntas, impregnado de la Teoría de los Dos Demonios. Que el fiscal fuera Julio Strassera tampoco fue grato, ya que él no investigó ni abrió ningún habeas corpus interpuesto por familiares de los desaparecidos. Eso sin contar las absoluciones y el recorte en las investigaciones que tuvo el juicio. Sin embargo, ese proceso sirvió para que se relacionaran las víctimas que estuvieron en los centros clandestinos de detención, tortura y exterminio.
Desde los más de 800 centros clandestinos identificados hasta ahora (desde comisarías yguarniciones militares hasta escuelas y hospitales) la dictadura implantó el terror en la sociedad. Desapareciendo, torturando, robando y, a la vez dejando en libertad a algunos para que contaran el horror vivido. Como dijo Ibérico Saint Jean, gobernador de facto de la provincia de Buenos Aires, querían asesinar hasta a “los indiferentes y tímidos”.
Tras la anulación de las leyes de Punto Final y Obediencia Debida comenzamos a militar los juicos. En junio de 2006 comenzó el proceso contra Miguel Etchecolatz, donde como querellantes pedimos que se lo juzgara por genocidio. Cuando íbamos a alegar y pedir condena, secuestraron y desaparecieron por segunda vez a Jorge Julio López, víctima y testigo fundamental contra el genocida.
Se abrieron nuevos juzgados orales para la tramitación de los procesos de lesa humanidad. Al escuchar los testimonios de sobrevivientes se oyó recurrentemente la actuación cómplice de la cúpula de la Iglesia Católica, cuyos obispos recibían a parientes de los desaparecidos y usaban esos encuentros para pasarles más información a los militares. Nunca se puso en el banquillo a los sacerdotes. El exsecretario del vicario castrense, Emilio Grasselli, llegó a juntar más de dos mil fichas con nombres de muchas personas que terminaría desaparecidas.
Siempre exigimos cárcel común y perpetua a los que instrumentaron y ejecutaron el genocidio, aunque actualmente casi todos tienen prisión domiciliaria o están en la cárcel VIP de Campo de Mayo, disfrutando de huertasy un verde espacioso.
Noson los juicios que ambicionábamos, por su fragmentación, que remite a la revictimización de los testigos, yendo a declarar en distintos procesos, las provocaciones de algunos defensores contra las víctimas, las demoras en dirimir apelaciones. Sin embargo, al comienzo de los juicios concitaba la presencia de mucho público y algunas sentencias se transmitieron por pantalla gigantes en la vereda de los tribunales.
Nunca nos acompañaron los dirigentes de la CGT en nuestros reclamos. Sí estuvieron los sindicatos combativos y las agrupaciones independientes de la patronal y de la burocracia. Esa burocracia cuya actividad central en la dictadura fue denunciar ante las patronales a los trabajadores militantes. Así pasó en fábricas como Ford, Mercedes Benz, Ledesma o Techint. En algunas de esas empresas llegó a haber espacios para la detención de los obreros marcados.
Algunas veces nos acompañó el contexto internacional. Como cuando se puso en funcionamiento la Justicia universal en delitos de lesa humanidad (o se juzga en el país o se extradita). Más de cien genocidas quedaron bajo la amenaza de a ir a España a ser enjuiciados. Eso obligó a que se dieran curso a las acciones en nuestro país, pensando tal vez los imputados que sería un paseo por Tribunales, algo que no pasó. También nos benefició la presencia de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos en 1979, recopilando cientos de denuncias de secuestros cuya sede se vio colmada de largas filas de familiares, mientras la dictadura se burlaba con mensajes diciendo que los “argentinos somos derechos y humanos”.
Fueron a prisión muchos miembros de las fuerzas armadas y de seguridad. No así sus mandantes, los empresarios y las multinacionales. Éstos nunca llegaron a juicio, con la complicidad del Poder Judicial que retarda decisiones para emplazarlos a juicio. Así sucedió con Carlos Blaquier, dueño de Ledesma de Jujuy, que murió impune.
En lo personal cumplí mi promesa de reivindicar a los desaparecidos, asesinados, exiliados o presos políticos en cárceles con pabellones que los llamaban Siberia. Participé como querellante contra los genocidas en cerca de veinte juicios orales. También lo hice contra el general Arrillaga por lo sucedido en 1989 en el cuartel de La Tablada, donde tuve que vencer la prescripción que invocaba el acusado en la Corte Suprema. La prisión perpetua allí fue dictada por unanimidad por el Tribunal.
Ojalá todo lo reseñado sirva a las generaciones más jóvenes, para incentivarlos a sentir empatía y acompañarnos en nuestros reclamos de memoria, verdad y justicia. Que se sumen a militar contra toda violación a los derechos humanos. Eso servirá para luchar por conquistar otra sociedad, que por supuesto no es el capitalismo.
Difundir contra el negacionismo, que señalan que "no fueron 30.000", que hubo una guerra, que fueron dos demonios, que hubo sólo errores o excesos, para intentar atenuar sus crímenes para poderhacerlo nuevamente. Nuestra consigna en las calles era “no hubo errores, no hubo excesos, son todos asesinos los milicos del proceso”.
Y que se involucren en apoyar el principio de la autodeterminación de los pueblos, no al genocidio en Gaza, no a las intervenciones militares y guerras para saquear los recursos naturales de los países agredidos por el imperialismo yanqui y sus aliados, no a la instalación de bases extrajeras y reivindicar nuestra soberanía sobre las Islas Malvinas.
Y recordarles lo que decía el Che: “Sean capaces siempre de sentir, en lo más hondo, cualquier injusticia realizada contra cualquiera, en cualquier parte del mundo. Es la cualidad más linda del revolucionario”.
[1] En la investigación de la Secretaría de derechos humanos del año 2009 se mencionan los nombres que atan 1955 con 1976. Los tres ayudantes del contralmirante Aníbal Olivieri, ministro de Marina y jefe de la conspiración eran los capitanes de fragata Emilio Massera, Horacio Mayorga y Oscar Montes. Massera integró la Junta Militar después de 1976, Mayorga estuvo involucrado en la masacre de Trelew y Montes fue canciller de la dictadura. Los pilotos fugados a Uruguay fueron recibidos por Guillermo Suárez Mason, prófugo de la Justicia argentina desde su participación en el intento de golpe de 1951 y luego poderoso comandante del Primer Cuerpo del Ejército de la dictadura. Entre los pilotos y tripulantes de aviones estaba Máximo Rivero Kelly, acusado de delitos de lesa humanidad como jefe de la Base Almirante Zar de Trelew y de la Fuerza de Tareas 7 de la zona norte de Chubut. Horacio Estrada, jefe del grupo de tareas de la ESMA; Eduardo Invierno, jefe del servicio de Inteligencia Naval en la dictadura; Carlos Fraguio, jefe de la dirección general naval en 1976 con responsabilidad en los centros de detención como la EMSA y la escuela de suboficiales de la Marina. También Carlos Carpineto, secretario de prensa de la Armada en 1976; Carlos Corti su sucesor y Alex Richmond, agregado naval en Asunción. De la Fuerza Aérea, Jorge Mones Ruiz fue delegado de la dictadura en la SIDE de La Rioja y Osvaldo Andrés Cacciatore luego fue intendente de la Ciudad de Buenos Aires.
Política / Libertades Democráticas / Opinión / Lesa humanidad / Genocidio / Impunidad / Golpe de Estado / Dictadura cívico-militar-eclesiástica / La Patagonia Rebelde / Plan Cóndor / Cordobazo / Semana Trágica / Triple A / Crímenes de lesa humanidad / Terrorismo de Estado / Dictadura / A 50 años del Golpe / Memoria / 50 años del golpe de Estado de 1976



