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Alerta fútbol: el espionaje de la dictadura durante el Mundial ‘78
24 de marzo, por Archivos — Política, Libertades Democráticas, Fútbol, Genocidio, Dictadura cívico-militar-eclesiástica, FIFA, Policía Bonaerense, Mundial 1978, Secretaría de Inteligencia del Estado (SIDE), Terrorismo de Estado, Jorge Rafael Videla, Dirección de Inteligencia de la Policía de la Provincai de Buenos Aires (Dippba), Dictadura, A 50 años del Golpe, 50 años del golpe de Estado de 1976
Miedo a la “propaganda subversiva”, censura a periodistas extranjeros, especial atención a los países de Europa del Este y los sabotajes a las transmisiones que el gobierno no pudo impedir. Los intensos trabajos que la Dirección de Inteligencia de la Policía Bonaerense le dedicó al Mundial permiten comprender el particular interés que los servicios de espionaje del genocidio pusieron en una de las más masivas expresiones populares.
Uno de los asuntos que más desveló a la Junta Militar fue la confirmación de la realización en Argentina del Mundial de 1978. Fuera del país, distintos grupos de exiliados argentinos se habían movilizando ante varios organismos internacionales para denunciar las violaciones a los derechos humanos que se cometían en el próximo anfitrión de la máxima cita futbolística. Y los rumores de un cambio de sede comenzaron a proliferar.
Los jerarcas del autodenominado Proceso de Reorganización Nacional manifestaron un temor palpable por la amenaza de la organización de un torneo sobre el cuál deseaban proyectar una pretendida imagen de pulcritud nacional a todo el planeta.
Si bien la FIFA reconfirmó a fines de 1977 a la Argentina como país organizador y acabó con esas dudas, la decisión no bastó para poner fin a las preocupaciones que rondaban en los altos comandos de las Fuerzas Armadas. Otra profunda inquietud los iba a acechar incluso hasta la propia realización de la Copa del Mundo: la posible intervención de grupos armados. De “factores subversivos”, como ellos definían.
La paranoia encontraba un antecedente alarmante en los Juegos Olímpicos de Munich ‘72, donde el grupo palestino Septiembre Negro se había infiltrado en la concentración de la delegación de Israel y asesinó a once atletas de aquel país. Nadie quería pensar en un papelón semejante. Fue por eso que los servicios de espionaje de la dictadura no escatimaron esfuerzos en observar todo cuanto pudiera resultar “sospechoso”.
Infiltración mundial
De esto dan cuenta los innumerables legajos que acumuló la Dirección de Inteligencia de la Policía de la Provincia de Buenos Aires (Dippba) sobre el Mundial ‘78, donde se observa claramente la inquietud de los servicios por los movimientos que distintas organizaciones realizaban en torno al campeonato que se desarrolló en Argentina durante el mes de junio.
Las tareas comenzaron en 1977. Eso se desprende de uno de los primeros informes, fechado el 26 de octubre de aquel año. Allí, la Secretaría de Inteligencia del Estado (SIDE) se dirige a la Dippba (la Bonaerense funcionaba bajo las órdenes de la Junta Militar) para expresarle que “importantes miembros de Montoneros mantuvieron entrevistas en Suecia con dirigentes de organismos internacionales afectados a la defensa de los Derechos Humanos con la finalidad de instrumentar una campaña de acción psicológica en tal sentido, a motorizarse en oportunidad de las tareas de organización del Campeonato Mundial de Fútbol”.
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El parte (de carácter “estrictamente secreto y confidencial”) describía los aparentes objetivos de Montoneros: “incidir e influenciar a representantes de gobiernos extranjeros un tanto afines a la ideología que profesan los grupos de delincuentes subversivos argentinos para disponer la no participación en el torneo”, la intención de generar durante los meses previos al Mundial
“acciones que alteren el orden público y capitalizar psicológicamente eventuales acciones represivas”, “ejercitar eventualmente algún secuestro y/o atentado físico directo contra algún miembro diplomático extranjero acreditado en el país” y “difundir en distintos estadios de fútbol del exterior líbelos incitando a los espectadores a no viajar a Argentina, esgrimiendo causales orientadas a crear una falsa imagen de la situación política-social-económica y la falta de garantías individuales”.Un mes más tarde, un informe da cuenta de pintadas en el Estadio Mundialista de Mar del Plata, por entonces en construcción. Las mismas tenían la leyenda “Señores compañeros, basta de explotación. Reclame E.R.P.”, acompañadas por estrellas de cinco puntas, el reconocible logo del Ejército Revolucionario del Pueblo. “Es la primera manifestación de corte extremista que aparece en el lugar”, alertaba el oficial de inteligencia que redactó dicho documento.
Con el correr de los meses, las tareas de espionaje fueron generando materiales adicionales. Algunos de ellos, de carácter insólito, como el que alertaba en letra mayúscula y clave de telegrama que “sería inminente ingreso procedente de Chile, y particularmente destino ciudad Mendoza, grupos delincuente subversivos que serían cubanos, japoneses y árabes, quienes en su mayoría vendrían munidos pasaportes otorgados en Chile, con la finalidad de desarrollar actividades para sabotear Mundial 78, desconociéndose modus operandi”.
En ese mismo sentido, otro parte aseguraba que “durante el desarrollo del Mundial se incrementaría el ingreso de estupefacientes al país”. La operación se realizaría “vía Bolivia y sería trasladada a Mar del Plata, para luego ser distribuida al resto del país”. Entre las causas se encontraba la afluencia de turistas, “el número elevado de artistas de nivel internacional generalmente consumidores” y la posible presencia de “grupos de traficantes internacionales” presentes en el país. Naturalmente, detrás de esto se pretendía ubicar a “elementos subversivos (que utilizarían la droga) como factor disociador”.
Una nueva línea de investigación se abrió a fines de 1977 con un memo de la SIDE titulado “Posible plan de sabotaje al Mundial 78”. El mismo daba cuenta de que “se estaría gestando la preparación de un plan de acción saboteador con el propósito de hacer fracasar la realización y transmisión del
Mundial”. Entre sus instigadores se señalaban a cuatro organizaciones: Montoneros, el Ejército Revolucionario del Pueblo, el Partido Socialista de los Trabajadores y la Resistencia Peronista de Izquierda.Según los informantes de inteligencia, los objetivos tenderían a “dar una imagen de que la subversión tiene el poder en la Argentina”, a la vez que “se trataría de exponer por la televisión, en cadena con todas las latitudes, de que en la Argentina se vive una sangrienta y aberrante transgresión de los Derechos Humanos (con el fin de) causar un fuerte impacto psicológico ante millones de evidentes”.
Por ese entonces, desde el exilio, Montoneros organizó una serie de contactos y conferencias de prensa con distintos medios del planeta para manifestar su plan de acción en la próxima Copa del Mundo. La iniciativa tenía el primordial objetivo de desprenderse de cualquier tipo de acción terrorista que pudieran endilgarles, a la vez de reafirmar que el único interés de la organización era el de efectuar distintas tareas de propaganda durante el certamen. Las más difundidas fueron las que realizó desde Roma el Secretario de Relaciones Exteriores de Montoneros, Fernando Vaca Narvaja, y también la que promovieron en México Miguel Bonasso, Silvia Berman y Ernesto Jauretche. En ambas oportunidades se insistió con la idea de usar la promoción del Mundial para “mostrar la verdadera Argentina”, en la que había “persecuciones, presos políticos, torturas y desaparición forzada de
personas”.Un extenso informe de inteligencia pretende anticiparse a estas acciones preanunciadas a partir de la captura de tres personas vinculadas a Montoneros en Uruguay, lo cual refleja también el despliegue del Plan Cóndor también en beneficio de los trabajos de espionaje vinculados al Mundial ‘78. En base al “interrogatorio al cual fueron sometidos” estos sujetos, el parte desarrolla minuciosamente lo que denominan “el accionar de Montoneros con relación al Mundial”. Allí se habla de “la utilización de todo argumento que conduzca a crear una estructura desfavorable hacia nuestro país”, a través de la distribución de “boletines y folletos con descripciones generales del país, con su realidad actual de luchas populares, resistencia armada y terrorismo de Estado”.
En el mismo documento se menciona la “utilización mediante piquetes de concentraciones de multitudes” y hace particular hincapié en una de las obsesiones que rondarán a los servicios de inteligencia en lo sucesivo: la concreción de “interrupciones sonoras durante la televisación de los partidos”. Se describe allí una red de sistemas cuya base se ubicaba en Balcarce, con nudos retransmisores en Pachecho y Don Bosco, más el apoyo adicional de “un buque situado a conveniente distancia de la Costa Argentina”. Asimismo, se habla de una segunda etapa técnica que se desplegaría sobre Mar del Plata, Rosario, Córdoba y Mendoza, futuras sedes mundialistas.
En efecto, Montoneros había grabado un audio de aproximadamente diez minutos en el que detallaban todas las denuncias que había desparramado durante 1977 en distintos medios del mundo y en organismos de derechos humanos. El mismo comenzaba con un fragmento de la Marcha Peronista y fue introducido de manera clandestina en las transmisiones de distintos partidos del Mundial. El día del encuentro inaugural (un frío empate a cero entre Alemania y Polonia, en River) se escuchó por la zona de La Plata, mientras que cinco días después, cuando Argentina jugó contra Francia también en River, sucedió algo similar en Mar del Plata.
Estos episodios fueron ignorados por la prensa local, pero no así por la internacional. El diario El País del Estado español le dedicó un artículo al asunto, afirmando que “una de las interferencias se produjo al término del primer tiempo en el choque entre Argentina y Polonia, donde se pudo escuchar parcialmente el mensaje guerrillero sobre las imágenes de los anuncios publicitarios”.
Éste último detalle también sintetiza la tensión que se vivía con la presencia de medios extranjeros a los cuales el gobierno militar no podía someter. La situación fue prevista, ya que entre los distintos protocolos dispuestos por el Ente Autárquico Mundial 78 (a cargo de la organización), se encontraba aquel destinado a la recepción de los medios de prensa internacionales. Bajo la fachada de facilitar la tarea del periodismo extranjero subyacía una misión sensible: controlar y evitar la difusión de contenidos inconvenientes con los objetivos de la Junta Militar.
Un informe de inteligencia destacaba esta inquietud, asegurando que los periodistas extranjeros cumplirían dos finalidades: como “reporteros en sí” y como “atentos observadores de la situación interna que vive el país en relación a los Derechos Humanos”. Se puntualizaba la atención en
periodistas franceses y austríacos, quienes “vienen con la consigna primaria de seguir atentamente todas las actividades de cuanto personal uniformado se encuentre en la calle”.En la observación se asegura que “por cada nota, por insignificante que sea, en las que se hagan referencias a un abuso de autoridad, a cada periodista se le reportaría la suma del orden de los 3000 a 5000 dólares”. Asimismo, el legajo de inteligencia dedicado a la prensa internacional en el Mundial ‘78 incluye un recorte periodístico del periódico español El Socialista, publicado el 18 de diciembre de 1977, cuyo texto denuncia que “la Junta Militar contrató los servicios de una empresa multinacional de relaciones públicas y publicidad que elabora un programa de acción en que prevalecen dos objetivos: lavar la cara a la imagen internacional del régimen e influencias a la prensa extranjera por cualquier precio”.
El artículo instaba a la selección española a no presentarse al Mundial de Argentina, país en el que se “almacenan en condiciones infrahumanas a miles de presos políticos y en donde se realizan ejecuciones que la policía cataloga eufemísticamente como desapariciones”. Lo cierto es que las “infiltraciones” de mensajes de Montoneros en las transmisiones oficiales de Argentina ‘78, que tanto interesaban a la prensa extranjera, eran realizadas con equipos montados en automóviles, desde los cuales se efectuaban fugaces pinchaduras antes de darse a la fuga.
A pesar de los trabajos de espionaje realizados por la SIDE y la Dippba, estas infiltraciones no pudieron ser contrarrestadas. Incluso varios informes describen con impotencia la dificultad de rastrear a los vehículos por la presencia de numerosas personas que se lanzaban a las calles para celebrar las sucesivas victorias del seleccionado argentino de fútbol.
Los denodados pero estériles esfuerzos de los servicios de inteligencia por anticipar estas acciones dejan como dato accesorio una curiosidad. La misma tiene que ver con la sorpresiva incapacidad de los espías policiales para advertir otra maniobra de igual o mayor envergadura: los alrededor de 18 disparos de bazuca que Montoneros efectuaron sobre distintos objetivos durante el Mundial, entre ellos la Escuela de Mecánica de la Armada (ESMA), símbolo de la represión y la tortura durante la última dictadura.
Emilio Massera, Jorge Rafael Videla y Orlando Agosti junto a la Copa del Mundo
Política / Libertades Democráticas / Fútbol / Genocidio / Dictadura cívico-militar-eclesiástica / FIFA / Policía Bonaerense / Mundial 1978 / Secretaría de Inteligencia del Estado (SIDE) / Terrorismo de Estado / Jorge Rafael Videla / Dirección de Inteligencia de la Policía de la Provincai de Buenos Aires (Dippba) / Dictadura / A 50 años del Golpe / 50 años del golpe de Estado de 1976 -
Bregman entrevista al Sueco: “La ESMA era la antesala de la muerte, si sobrevivimos fue para denunciarlo”
24 de marzo, por A 50 años del Golpe — Política, Libertades Democráticas, Genocidio, Encuentro Memoria Verdad y Justicia (EMVJ), Iglesia Católica, Dictadura cívico-militar-eclesiástica, Asociación de Ex Detenidos Desaparecidos, Armada, Escuela de Mecánica de la Armada (ESMA), Jorge Bergoglio, Principal Grande Nuevo, Dictadura, Política, Libertades Democráticas, Genocidio, Encuentro Memoria Verdad y Justicia (EMVJ), Iglesia Católica, Dictadura cívico-militar-eclesiástica, Asociación de Ex Detenidos Desaparecidos, Armada, Escuela de Mecánica de la Armada (ESMA), Jorge Bergoglio, Principal Grande Nuevo, Dictadura
Carlos “Sueco” Lordkipanidse sobrevivió al genocidio y protagoniza incansablemente de la lucha contra la impunidad. Reflexiones junto a Myriam Bregman sobre el pasado, el presente y el futuro. El cautiverio junto a Víctor Basterra y Cachito Fukman. La isla del Tigre que la Iglesia le prestó a la Armada para esconder secuestrados. Adriana Calvo y la militancia en la Asociación de Ex Detenidos Desaparecidos. Y un mensaje de lucha: “Me gustaría que los jóvenes se reflejen en ese espejo de la generación del 70”.
En una extensa y rica conversación, la abogada de larga trayectoria en juicios por crímenes de lesa humanidad Myriam Bregman le pregunta a Carlos “Sueco” Lordkipanidse sobre cómo fue la resistencia de las y los detenidos desaparecidos en la Escuela de Mecánica de la Armada, la ESMA, uno de los mayores centros clandestinos de detención de la dictadura cívico-militar-eclesiástica.
La actual diputada nacional del PTS-FITU también le pregunta sobre las complicidades civiles con los genocidas, empezando por el empresariado y la cúpula de la Iglesia Católica. En 1979 ésta última le cedió durante meses a los jerarcas de la Armada una quinta ubicada en el Tigre llamada El Silencio. Allí fueron trasladados muchos secuestrados para esconderlos, ya que debían “vaciar” la ESMA ante la visita de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH).
El Sueco transitó ese infierno y años después, junto a otros sobrevivientes, lograron localizar la isla y denunciar lo sucedido. Aportaron información clave que demuestra la participación de la Curia en el genocidio. La histórica negativa de la Conferencia Episcopal Argentina de abrir sus archivos, de lo cuál uno de sus máximos responsables fue Jorge Bergoglio, quedó allí al desnudo.
Lordkipanidse sufrió personalmente una de las peores torturas. Junto a él fue secuestrada su pareja y su hijo de apenas 20 días de edad. El pequeño también fue torturado, delante de él.
Con Bregman se conocieron en 2006, como parte de la querella en el caso del prefecto Héctor Febrés. El genocida de la ESMA sabía mucho y estaba a punto de dar sus palabras finales en el juicio. Pero en diciembre de 2007 apareció “suicidado” con cianuro en su celda. Sus exsocios de la Armada lo tenían amenazado y temían que pusiera en riesgo a otros represores y a apropiadores de niños nacidos en la cautiverio.
El Sueco fue testigo en juicios de lesa humanidad aportando un relato clave sobre la colaboración de civiles con el aparato militar. Desde periodistas que ingresaban a la ESMA sin problemas hasta médicos que se integraban a las sesiones de tortura para chequear la capacidad de resistencia de las personas secuestradas, pasando por agentes inmobiliarios que opraban el saqueo de los bienes de las víctimas.
En la ESMA llegó a ver a Juan Aleman, economista y mano derecha de José Alfredo Martínez de Hoz. También recuerda al genocida Juan Azic, quien se llevó varios bebés de la ESMA, entre ellos a Victoria Donda en 1977 y a Laura Ruiz Dameri en 1980.
Ante tanta impunidad, el Sueco afirma que la apertura de los archivos de la dictadura, que todos los gobiernos se negaron a hacer, hubiera facilitado la búsqueda de la verdad. Él fue testigo de que en la ESMA se microfilmó todo lo que pasaba. Por eso asegura, frente a quienes lo niegan, que se puede saber qué pasó, cómo pasó, quiénes fueron los ejecutores y quiénes las víctimas.
Recuerda especialmente a sus compañeros Víctor Basterra y Enrique “Cachito” Fukman, con quienes compartió cautiverio y se hicieron grandes aliados de resistencia dentro de la ESMA. Y a Adriana Calvo, quien lo conoció en 1987 y lo convocó a integrarse a la Asociación de Ex Detenidos Desaparecidos.
Finalmente el Sueco reivindica la independencia de los organismos de derechos humanos respecto a todos los gobiernos. “No había que prenderse con ninguno, por más grande que fuera el caramelo que te convidaban. Lamentablemente muchos se prendieron y eso produjo un retraso, que todavía seguimos pagando con esta contraofensiva negacionista que estamos viviendo. Esta contraofensiva es producto del ablandamiento de una lucha que en su momento fue implacable”, sentencia.
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Bregman con el Sueco, sobreviviente de la Esma: “Que los jóvenes se reflejen en el espejo de nuestra generación”
24 de marzo, por Entrevista. A 50 años del Golpe — Política, Libertades Democráticas, Edición Estado Español, Genocidio, Encuentro Memoria Verdad y Justicia (EMVJ), Iglesia Católica, Dictadura cívico-militar-eclesiástica, Asociación de Ex Detenidos Desaparecidos, Armada, Escuela de Mecánica de la Armada (ESMA), Jorge Bergoglio, Edición Uruguay, Edición Bolivia, Dictadura, Bloque multimedia 2
Carlos “Sueco” Lordkipanidse sobrevivió al genocidio y protagoniza incansablemente de la lucha contra la impunidad. Reflexiones junto a Myriam Bregman sobre el pasado, el presente y el futuro. El cautiverio junto a Víctor Basterra y Cachito Fukman. La isla del Tigre que la Iglesia le prestó a la Armada para esconder secuestrados. Adriana Calvo y la militancia en la Asociación de Ex Detenidos Desaparecidos. Y un mensaje de lucha: “Me gustaría que los jóvenes se reflejen en ese espejo de la generación del 70”.
En una extensa y rica conversación, la abogada de larga trayectoria en juicios por crímenes de lesa humanidad Myriam Bregman le pregunta a Carlos “Sueco” Lordkipanidse sobre cómo fue la resistencia de las y los detenidos desaparecidos en la Escuela de Mecánica de la Armada, la ESMA, uno de los mayores centros clandestinos de detención de la dictadura cívico-militar-eclesiástica.
La actual diputada nacional del PTS-FITU también le pregunta sobre las complicidades civiles con los genocidas, empezando por el empresariado y la cúpula de la Iglesia Católica. En 1979 ésta última le cedió durante meses a los jerarcas de la Armada una quinta ubicada en el Tigre llamada El Silencio. Allí fueron trasladados muchos secuestrados para esconderlos, ya que debían “vaciar” la ESMA ante la visita de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH).
El Sueco transitó ese infierno y años después, junto a otros sobrevivientes, lograron localizar la isla y denunciar lo sucedido. Aportaron información clave que demuestra la participación de la Curia en el genocidio. La histórica negativa de la Conferencia Episcopal Argentina de abrir sus archivos quedó allí al desnudo.
Lordkipanidse sufrió personalmente una de las peores torturas. Junto a él fue secuestrada su pareja y su hijo de apenas 20 días de edad. El pequeño también fue torturado, delante de él.
Con Bregman se conocieron en 2006, como parte de la querella en el caso del prefecto Héctor Febrés. El genocida de la ESMA sabía mucho y estaba a punto de dar sus palabras finales en el juicio. Pero en diciembre de 2007 apareció “suicidado” con cianuro en su celda. Sus exsocios de la Armada lo tenían amenazado y temían que pusiera en riesgo a otros represores y a apropiadores de niños nacidos en la cautiverio.
El Sueco fue testigo en juicios de lesa humanidad aportando un relato clave sobre la colaboración de civiles con el aparato militar. Desde periodistas que ingresaban a la ESMA sin problemas hasta médicos que se integraban a las sesiones de tortura para chequear la capacidad de resistencia de las personas secuestradas, pasando por agentes inmobiliarios que opraban el saqueo de los bienes de las víctimas.
En la ESMA llegó a ver a Juan Aleman, economista y mano derecha de José Alfredo Martínez de Hoz. También recuerda al genocida Juan Azic, quien se llevó varios bebés de la ESMA, entre ellos a Victoria Donda en 1977 y a Laura Ruiz Dameri en 1980.
Ante tanta impunidad, el Sueco afirma que la apertura de los archivos de la dictadura, que todos los gobiernos se negaron a hacer, hubiera facilitado la búsqueda de la verdad. Él fue testigo de que en la ESMA se microfilmó todo lo que pasaba. Por eso asegura, frente a quienes lo niegan, que se puede saber qué pasó, cómo pasó, quiénes fueron los ejecutores y quiénes las víctimas.
Recuerda especialmente a sus compañeros Víctor Basterra y Enrique “Cachito” Fukman, con quienes compartió cautiverio y se hicieron grandes aliados de resistencia dentro de la ESMA. Y a Adriana Calvo, quien lo conoció en 1987 y lo convocó a integrarse a la Asociación de Ex Detenidos Desaparecidos.
Finalmente el Sueco reivindica la independencia de los organismos de derechos humanos respecto a todos los gobiernos. “No había que prenderse con ninguno, por más grande que fuera el caramelo que te convidaban. Lamentablemente muchos se prendieron y eso produjo un retraso, que todavía seguimos pagando con esta contraofensiva negacionista que estamos viviendo. Esta contraofensiva es producto del ablandamiento de una lucha que en su momento fue implacable”, sentencia.
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Fotogalería de los 50 años del golpe genocida en La Plata
24 de marzo, por Cobertura especial — Política, La Plata, Berisso y Ensenada, Libertades Democráticas, Provincia de Buenos Aires, Golpe de Estado, Derechos Humanos, A 50 años del Golpe, ddhh, 50 años del golpe de Estado de 1976, Política, La Plata, Berisso y Ensenada, Libertades Democráticas, Provincia de Buenos Aires, Golpe de Estado, Derechos Humanos, A 50 años del Golpe, ddhh, 50 años del golpe de Estado de 1976
Imágenes de una jornada masiva e histórica en La Plata a 50 años del golpe genocida.
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Reflexiones a 50 años del Golpe: una lucha incansable contra el negacionismo, el olvido y el silencio
24 de marzo, por Dossier — Política, Libertades Democráticas, Opinión, Edición Estado Español, Lesa humanidad, Genocidio, Impunidad, Golpe de Estado, Dictadura cívico-militar-eclesiástica, Crímenes de lesa humanidad, Terrorismo de Estado, Edición Uruguay, Edición Bolivia, Dictadura, A 50 años del Golpe, Negacionismo , Memoria, 50 años del golpe de Estado de 1976
La Izquierda Diario convocó a sobrevivientes y familiares de víctimas del genocidio a compartir sus pensamientos. Recuerdos que se mezclan con balances y perspectivas en textos cargados de emoción y convicción. Escriben Titín Moreira, Marta Ungaro, Leo Deza, María Laura Bretal, Violeta Contrisciani, Liliana Mazea, Carlos Rodríguez, Carla Lacorte, Erika Lederer, Celina Rodríguez Molina, Manuela Carricondo y Marcelo Roldán.
Medio siglo. Cinco décadas de un hecho crucial en la historia argentina y de América Latina. Cincuenta años del funesto Golpe de Estado que una junta de militares, empresarios, obispos y diplomáticos de la Embajada yanqui asestaron en un país imposible de “ordenar”. Un país que era testigo de una insurgencia obrera y popular creciente y de un régimen democrático burgués cada vez más golpeado por la amenaza de la revolución.
Para compartir recuerdos y reflexiones en esta efeméride cargada de actualidad, La Izquierda Diario convocó a sobrevivientes y familiares de víctimas del genocidio. Un genocidio que fue contra la clase trabajadora, que no comenzó aquel 24 de Marzo sino antes, con la Triple A y la CNU creadas por un gobierno “democrático”, con el Operativo Independencia y demás acciones represivas; pero que desde ese día se extendió como mancha venenosa hasta el último rincón de Argentina. A la vez, profundizó los lazos de la Casa Rosada con las dictaduras de otros países a través del Plan Cóndor (también impulsado por Estados Unidos).
En esta compilación florecen algunas palabras clave: Son 30 mil; fue genocidio; no olvidamos, no perdonamos ni nos reconciliamos; cárcel común, perpetua y efectiva; basta de impunidad y negacionismo; lecciones de la derrota para vencer. Parte de quienes escriben sobrevivieron a aquella maquinaria de exterminio. Y se suman hijas, hijos, nietas o nietos de quienes hoy son bandera y nunca dejaron de estar presentes.
La Izquierda Diario agradece a quienes aceptaron el convite. También a quienes honestamente se excusaron de participar por falta de tiempo, agenda apretada u otras cuestiones personales. Y pide disculpas a tantas compañeras y compañeros de lucha que no llegaron a ser convocados, a quienes de todos modos se invita a enviar sus propias reflexiones. Porque la lucha por Memoria, Verdad y Justicia es de todos los días.
Reflexiones a 50 años del Golpe
Sacar lecciones de aquella derrota, prepararnos para vencer, por Carlos “Titín Moreira
El terrorismo de Estado empezó antes del 24 de marzo de 1976. El genocidio fue de clase, para liquidar la insurgencia obrera, estudiantil y barrial que venía desde el Cordobazo. La burguesía no nos derrotó por falta de voluntad, sino por no tener una estrategia revolucionaria de la clase trabajadora. El autor trabajó en los astilleros Astarsa y Río Santiago, militó en el PST en los 70 y fue cofundador del MAS en los 80. Es dirigente del PTS.
Si hay juicios a los genocidas es por las pruebas que juntamos sobrevivientes y familiares, por Marta Ungaro
La lucha por los pibes de La Noche de los Lápices convertida en lucha por los 30 mil. Seguir buscando a nuestros desaparecidos y encontrar en el camino a represores escondidos. Recuerdos para pelear en el presente, por izquierda. La autora es hermana de Horacio Ungaro y tiene una larga trayectoria en la lucha por Memoria, Verdad y Justicia.
Nos desaparecieron por luchar por una sociedad socialista, sobrevivimos para seguir luchando, por María Laura Bretal
¿Qué significa ser una ex detenida desaparecida? Del terror vivido al puño en alto contra todos los genocidas, por todos los compañeros. Por quienes ya no están y junto a quienes recién llegan, seguir llenando las calles de verdad. La autora integra la Colectiva Feminista Las Azucenas,es ex detenida desaparecida de La Cacha y querellante del colectivo de organismos de derechos humanos Justicia Ya!
No nos resignemos a este sistema, la salida es colectiva, que las pibas y pibes se involucren, por Violeta Contrisciani
Desaparecidos de hace 50 años que siguen siendo encontrados. Mientras, los verdugos de Julio López, secuestrado por segunda vez hace 20, siguen impunes. ¿Qué le cabe la generación que integran tantas nietas y nietos? El abuelo de la autora es Luis Constrisciani, miembro de la Comisión Interna del Hipódromo de La Plata y militante del PRT, detenido en 1976 a sus 25 años. Sigue desaparecido. Ella estudia en la UNLP y milita en el PTS.
Si cantara el gallo rojo, otro gallo cantaría, por Liliana Mazea
Imposible hablar del 24 de marzo de 1976 sin recordar las masacres que durante todo el Siglo XX el Estado perpetró contra la clase trabajadora y los luchadores. La larga historia que condujo al Golpe y la lucha por los 30 mil, desde la militancia socialista. La autora es abogada, querellante en más de veinte juicios de lesa humanidad, defensora de presos políticos y miembro del Centro de Profesionales por los Derechos Humanos (CeProDH).
Medio siglo después, ¿qué rol nos cabe a las hijas e hijos de genocidas?, por Erika Lederer
A 50 años del golpe de Estado de 1976, una reflexión sobre el significado, personal y colectivo, de ese acontecimiento. La impunidad en democracia y la lucha del movimiento de derechos humanos. La autora es hija de Ricardo Lederer, obstetra y capitán del Ejército que condujo la maternidad clandestina en Campo de Mayo. Es cofundadora de Historias Desobedientes e integrante de la Red Desobediente.
La memoria colectiva como motor de mundos mejores, diversos, socialistas, por Celina Rodríguez Molina
A 50 años del golpe de Estado de 1976, una reflexión sobre las conquistas obreras y populares, el accionar genocida para ahogarlas y el rescate colectivo de nuestra historia para pensar el presente y el futuro. La autora es sobreviviente de la ESMA, feminista, transfeminista del Frente Darío Santillán - Corriente Plurinacional, Vientos del Pueblo y feminista del Abya Yala.
El genocidio que empezó antes: mi abuelo, la Triple A y las peleas de hoy, por Leo Deza
Recuerdos que no mienten ni un poco. Un abuelo en las garras de la Triple A, antes del Golpe. Una juventud de lucha por verdad y justicia. Y la comprensión de por qué, cómo y contra quiénes se consumó ese genocidio cuyos efectos perduran. El autor es nieto de Juan Deza, miembro del Centro de Profesionales por los Derechos Humanos (CeProDH) y militante del PTS.
Videla y Martínez de Hoz, los titiriteros de Javier Milei, por Carlos Rodríguez
A 50 años del golpe de Estado de 1976, el recuerdo de algunos personajes nefastos que marcaron el sello ideológico del genocidio. El autor es periodista de La Retaguardia, exredactor y delegado de Página|12, Noticias Argentinas y Atlántida. Colaboró también en el periódico de las Madres de Plaza de Mayo.
El orden de la Memoria y lo que ordena la Historia, por Carla Lacorte
Imágenes y relatos se agolpan en la mente. Muchos recuerdos aparecen y adquieren significación, sin respetar una cronología. Pero se pueden ordenar. La autora es hija de Miguel Ángel Lacorte, asesinado por la dictadura de Pinochet. Radicada en Quilmes, en 2001 un policía bonaerense la baleó por la espalda y la dejó en silla de ruedas. Integra el Centro de Profesionales por los Derechos Humanos (CeProDH) y milita en el PTS. Autora del libro La Disciplina de las Balas.
Que no haya tumba para la Verdad, aunque quieran esconderla y enterrarla, por Manuela Carricondo
Memoria, Verdad y Justicia, palabras que resuenan fuerte para rescatar a nuestros 30 mil. Recuerdos de cuando estaba “prohibido sufrir”. Levantar las banderas del socialismo, el mejor homenaje. Y un poema por ellos. La autora es hija de Manuel Daniel Carricondo y Graciela Cristina Verdecanna, desaparecidos en dictadura, militante socialista y delegada de la Junta Interna de ATE en la Legislatura bonaerense.
La Memoria colectiva no es sólo recuerdo, es construcción constante para reafirmar nuestra lucha, por Marcelo Roldán
Es imprescindible sostener la memoria colectiva sobre los hechos de hace cincuenta años. Pero también sobre lo que hizo esta “democracia”, que mantiene impunes a los ideólogos y beneficiarios del genocidio. El autor es hijo de Néstor Miguel Roldán, detenido y desaparecido en Miramar en 1977; militante del PTS y miembro del Centro de Profesionales por los Derechos Humanos (CeProDH).
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