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Que no haya tumba para la Verdad, aunque quieran esconderla y enterrarla
22 de marzo, por A 50 años del Golpe — Política, Libertades Democráticas, Opinión, Lesa humanidad, Genocidio, CeProDH (Centro de Profesionales por los Derechos Humanos), Golpe de Estado, Dictadura cívico-militar-eclesiástica, Crímenes de lesa humanidad, Terrorismo de Estado, Dictadura, A 50 años del Golpe, Memoria, 50 años del golpe de Estado de 1976, Política, Libertades Democráticas, Opinión, Lesa humanidad, Genocidio, CeProDH (Centro de Profesionales por los Derechos Humanos), Golpe de Estado, Dictadura cívico-militar-eclesiástica, Crímenes de lesa humanidad, Terrorismo de Estado, Dictadura, A 50 años del Golpe, Memoria, 50 años del golpe de Estado de 1976
Memoria, Verdad y Justicia, palabras que resuenan fuerte para rescatar a nuestros 30 mil. Recuerdos de cuando estaba “prohibido sufrir”. Levantar las banderas del socialismo, el mejor homenaje. Y un poema por ellos. La autora es hija de Manuel Daniel Carricondo y Graciela Cristina Verdecanna, desaparecidos en dictadura, militante socialista y delegada de la Junta Interna de ATE en la Legislatura bonaerense.
A cincuenta años del golpe, muchas sensaciones. Muchos yoes, muchos volver a nacer, volver a morir, volver a nacer y volver a morir. Cincuenta años donde las palabras Memoria, Verdad y Justicia suenan fuerte, resuenan en un eco profundo y pesan toneladas de bronca y de pasión.
Memoria para no olvidar, para volver a recordarlos una y otra y cada vez. A ellos, a los 30 mil, a sus sueños, a su lucha, a la de sus Madres, a la de sus Hijos, a la de los sobrevivientes, a los juicios, a los hermanos que falta encontrar.
Memoria para rescatarlos del olvido, para siempre. Y que no haya tumba para la Verdad, aunque lo quieran, aunque se encarguen gobierno tras gobierno de esconderla, de postergarla o de enterrarla.
La lucha por la Verdad es contarla, es transmitirla, es desenmascararla de los rostros de quienes la ocultan. Para que haya al fin Justicia y no sigamos sufriendo la herencia de la dictadura, sus planes de ajustes y su brutalidad.
Buscar la Justicia es lograr condenar a todos y cada uno de los genocidas y sus cómplices, civiles y eclesiásticos, que han seguido y siguen estando en funciones. Es lograr que mueran en la cárcel y no en sus casas, como lo hace hoy la inmensa mayoría de los condenados, con todas las comodidades que no han tenido sus víctimas. Es restituir la verdadera identidad a los hijos que nos falta encontrar. Es lograr que, para eso, abran los archivos que ningún gobierno quiso abrir y poder encontrar la respuesta al “¿dónde están los 30 mil?”
Justicia es lograr que se termine el negacionismo y que venzan nuestras luchas obreras y estudiantiles sin más persecuciones. Que nos organicemos para que esas tres palabras, Memoria, Verdad y Justicia suenen, resuenen, pesen y pisen cada vez más fuerte todos los días.
Cincuenta años. Muchas sensaciones. Muchos recuerdos. Muchos volver a nacer y volver a morir…
Siempre los busqué, siempre... y en cada lucha los encuentro, muy dentro mío*
“Papa y mamá volverán cargados de juguetes”, me decía la abuela ante mis inquietudes e incertidumbres de niña acerca de por qué no estaban. El relato acorde a mi edad era el ideal: papás trabajando en una juguetería en el sur. Lejos, muy lejos, ¡tan lejos! Esperaba junto a mis hermanas ese momento con tanta ansiedad, alegría y angustia contenida.
No se hablaba mucho, no se hablaba nada. Estaba prohibido sufrir y volver a sufrir. El silencio, el temor, la culpa de la palabra primaban. Y a veces la sensación de abandono. Cartas y cartas de amiguitas de la escuela donde me preguntaban por ellos eran quemadas a escondidas de mi abuela. No se tenía que hablar, no se debía sufrir más.
Ante el silencio, extendido en años, y la bulliciosa adolescencia que me incitaba a saber más (a saber algo), surgieron grandes aventuras desenfrenadas de búsqueda. Infructuosas todas.
El relato de la juguetería fue cambiando al ritmo de mi anatomía. Cuando ya no esperaba más juguetes, supe que a ellos, a mis viejos, unos “señores malos, que no estaban de acuerdo con sus ideales, se los llevaron”... dándole contenido así al término “desaparecidos”.
Llegaba a la universidad y crecían más los miedos. El silencio me envolvía más que nunca, no se debía hablar. A los centros de estudiantes los veía de lejos. El apellido “prohibido” era “peligroso”, según la abuela. La negación de la identidad era la que primaba ahora.
Las letras y la docencia fueron las primeras herramientas que me dieron la palabra. Claro que una vez que ella ya no estaba. Se fue sin volver a hablar, se fue sin volver a ver a su hijo y a su nuera. Y yo, yo empezaba a nacer.
Nací por primera vez en un aula con mis alumnos, de la mano de la literatura, a través de textos sobre dictadura que me ayudaban a hablar de mí, de nuestra historia.
La angustia y el dolor no se iban del todo. Nunca. Y nunca se irán. Nunca se irán, si me quitaron lo esencial de la vida. Un abrazo suyo, al mínimo llanto mío, las tediosas fotos de los padres el primer día de jardín, de primaria o de secundaria. Los peinados (¿lindos? ¿feos?) de mamá o de papá. La contención de ella en mis cambios hormonales, los retos de él en mis rebeldías adolescentes, o quizás hubiera sido a la inversa. La complicidad en mis travesuras, su compañía en mis tristezas.
Mis hijas también sufren su ausencia, les quitaron los apretujones de sus abuelos y el amor desmedido que seguramente les hubieran dado.
Siempre los busqué, siempre. Tan jóvenes como en sus últimas fotos, tan bellos como me contaron que eran.
Un día me di cuenta que nunca llegarían con la bolsa de juguetes desde tan lejos, que esos señores malos nunca me los devolverían, que los “desaparecidos” lo seguirían siendo. Lo siguen siendo. Que los abrazos a mis hijas nunca serían posibles más que en sueños. Ahí me propuse buscarlos de otra forma. Conocerlos, no sólo por sus fotos o anécdotas familiares, sino a través de sus ideales, de lo que soñaban.
Y comencé a militar. La militancia me salvó, lo dije siempre. Me hizo ver que no estaban tan lejos, sino dentro mío. En cada lucha los tengo cerca, en cada lucha vuelvo a nacer. Los veo en cada camarada que me acompaña, en cada trabajador que reclama, en cada joven que denuncia, en cada mujer que grita por sus derechos.
Ya no siento sus ausencias si levanto sus banderas, las del socialismo, cuando lucho con mis compañeros como ellos lucharon con los suyos por un mundo libre, sin oprimidos ni explotados. Me lleno de orgullo y de esperanza en cada camino recorrido junto a mis camaradas. Me explota el pecho de emoción cada vez que pisamos fuerte la gran plaza que alguna vez fue de ellos.
Por eso este 24 de marzo tenemos que ser más los que levantemos esas banderas, contra la impunidad de ayer y la de hoy, contra el gobierno negacionista de Javier Milei y sus cómplices opositores y su ajuste acompañado de represión.
Este 24 de marzo marchemos y ¡que tiemble la Plaza de Mayo! ¡Que se escuchen las 30 mil voces que intentó callar el genocidio! Pidamos cárcel común, perpetua y efectiva para todos los genocidas y que abran los archivos de la dictadura.
Demostremos que no han sido derrotados quienes lucharon por un mundo mejor. Un mundo en el que seamos “socialmente iguales, humanamente diferentes, y totalmente libres”.
Lloré por ellos, y por mí...
Lloré por los años que nos robaron...
Lloré por sus jóvenes ganas de cambiar el mundo...
Lloré por las horas de canciones que no escuché ni escucharé...
por las atrocidades que sufrieron...
por las noches en que traté de justificar mi esencia de huérfana...
Lloré
Amarga y pausadamente...
Y siento culpa de la bronca que alguna vez tuve,
y me brotan las ganas terribles de pedirles perdón por haber sentido ese odioso sentimiento de abandono...
Encontré la forma, viejos queridos...
Encarnando su lucha, sus sueños, los de aquellos “jóvenes utópicos” y los de estos “adultos románticos”.
Estoy de pie (no hace mucho)
En ustedes me apoyo, firme como un bastón tallado en una madera antigua, contra una pared de viento, rescatándolos del olvido...
para siempre...
No hay tumbas para la verdad...
ni debe haberlas...
Este 24 de marzo (y el resto de mis días)...
No olvido, no perdono, no me reconcilio(inspirado en la novela Los sapos de la memoria de Graciela Bialet... y en mi historia)
*El texto del segundo apartado fue originalmente publicado en 2017 en este sitio.
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La Memoria colectiva no es sólo recuerdo, es construcción constante para reafirmar nuestra lucha
22 de marzo, por A 50 años del Golpe — Política, Libertades Democráticas, Opinión, Lesa humanidad, CeProDH (Centro de Profesionales por los Derechos Humanos), Golpe de Estado, Dictadura cívico-militar-eclesiástica, Crímenes de lesa humanidad, Terrorismo de Estado, Dictadura, A 50 años del Golpe, Memoria, 50 años del golpe de Estado de 1976, Política, Libertades Democráticas, Opinión, Lesa humanidad, CeProDH (Centro de Profesionales por los Derechos Humanos), Golpe de Estado, Dictadura cívico-militar-eclesiástica, Crímenes de lesa humanidad, Terrorismo de Estado, Dictadura, A 50 años del Golpe, Memoria, 50 años del golpe de Estado de 1976
Es imprescindible sostener la memoria colectiva sobre los hechos de hace cincuenta años. Pero también sobre lo que hizo esta “democracia”, que mantiene impunes a los ideólogos y beneficiarios del genocidio. El autor es hijo de Néstor Miguel Roldán, detenido y desaparecido en Miramar en 1977; militante del PTS y miembro del Centro de Profesionales por los Derechos Humanos (CeProDH).
A cincuenta años de la última dictadura cívico-eclesiástico-militar, la más sangrienta de nuestra historia, resulta imprescindible sostener la memoria colectiva como herramienta de verdad y justicia.
Recordar no es un acto pasivo: es reafirmar la condena a los crímenes cometidos por las fuerzas represivas del Estado y sus ideólogos, entre ellos el gran empresariado local y el imperialismo yanqui. Es también continuar la búsqueda de cientos de nietas y nietos que siguen siendo víctimas del robo de su identidad.
De todo lo vivido guardo imágenes que se transformaron en símbolos. Recuerdo la celebración popular en 1983 ante el retorno de un gobierno constitucional. Un momento marcado por la esperanza de que todo cambiaría para mejor. Recuerdo el Juicio a las Juntas de 1985, que veíamos desde mi casa en un televisor en blanco y negro.
Recuerdo el levantamiento carapintada de 1987, especialmente esa imagen de miles de trabajadores, estudiantes y militantes dispuestos a enfrentarse a las armas y los tanques de los golpistas que querían más impunidad. Y las indignas leyes de Obediencia Debida y Punto Final, impulsadas por el radical Raúl Alfonsín como parte del pacto de impunidad. Igual de indignantes que los indultos firmados por el peronista Carlos Menem.
Aquella etapa de resistencia dio a luz, entre otras cosas, a la agrupación HIJOS, desde la que pusimos en pie la “visita” popular a las casas de los genocidas como práctica de visibilización social. Si no había justicia, que hubiera escrache.
Otro recuerdo. Diciembre de 2001. Las Madres de nuestros 30 mil enfrentando a la caballería de la Policía Federal que quería correrlas de su Plaza de Mayo, intentando hacer cumplir el nefasto estado de sitio firmado por Fernando de la Rúa. Desde siempre ellas mostrando el camino de la resistencia.
Todos esos recuerdos (y tantos más) conviven con el único recuerdo que conservo de mi papá: la vez que nos llevó, a mi hermana y a mí, al Parque Camet a andar en los cisnes de madera del lago. Si no hubiese sido secuestrado aquella madrugada del 26 de mayo de 1977, mi memoria guardaría muchos más momentos compartidos.
Medio siglo después, el desafío es transmitir estas experiencias a las nuevas generaciones. Ellas deben comprender que la memoria no es solo recuerdo, que “Nunca Más” no es una consigna del pasado, sino una construcción constante. Más aún en un presente donde desde la cúspide del poder político se reivindica a la dictadura y se siguen defendiendo los intereses de los mismos actores que impulsaron aquel golpe.
Hoy como ayer, son el imperialismo yanqui y el gran empresariado quienes están detrás del sometimiento al FMI, la reforma laboral y el ajuste sistemático de nuestras condiciones de vida. Contra ellos debemos seguir luchando, organizándonos de forma independiente hasta derrotarlos.
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Hebe de Bonafini, su lucha y su camino
21 de marzo, por Pioneras contra el golpe — Política, Libertades Democráticas, Genocidio, Dictadura cívico-militar-eclesiástica, Hebe de Bonafini, 50 años del golpe de Estado de 1976, Política, Libertades Democráticas, Genocidio, Dictadura cívico-militar-eclesiástica, Hebe de Bonafini, 50 años del golpe de Estado de 1976
Desde 1977, cuando comenzaron las rondas en la Plaza, su nombre quedó ligado a una lucha llena de enseñanzas para el presente, que no se limitó a denunciar a la dictadura, sino que también confrontó con los poderes políticos posteriores cuando entendió que la justicia era incompleta, hasta el gobierno de Néstor Kirchner.
A casi medio siglo del inicio de las rondas de las Madres de Plaza de Mayo, la figura de Hebe de Bonafini vuelve a adquirir una fuerza singular en la historia argentina. Su vida condensa una experiencia que atraviesa la dictadura militar, la transición democrática y los años de impunidad que siguieron. Fundadora de las Madres de Plaza de Mayo, su voz y su lucha fue durante décadas una de las más persistentes en la búsqueda de los 30.000 desaparecidos y desaparecidas.
Los setenta: revolución e injusticia
Antes de que la tragedia golpeara su casa, Hebe de Bonafini, nacida en Ensenada cerca de La Plata, era una mujer para quien la política solo pasaba por el apoyo cariñoso hacia sus hijos.
Recordaba haber vivido en los años previos a 1976 con una sensación difusa de inquietud. Sus hijos crecieron en un clima político atravesado por la movilización obrera y juvenil de los años setenta. Estudiaban, trabajaban, participaban en la universidad y soñaban con transformar el país: “Se enrolaron en una tarea impresionante que es querer hacer la revolución. Estaban convencidos que iban a poder, y eso nació a partir de la injusticia”.
Esa injusticia, durante los años previos a la dictadura, la represión paraestatal se extendía bajo la influencia del ministro José López Rega. “Había llegado López Rega con mucho poder. Mataba a los pibes en la calle. En la Universidad se había formado algo que eran los pibes más fachos que se llamaba CNU, que mataban como si fuera nada, y nadie los perseguía”.
Entre 1973 y 1976, la organización parapolicial Alianza Anticomunista Argentina (Triple A) y bandas como la Concentración Nacional Universitaria (CNU) desplegaron una persecución sistemática contra militantes y activistas de izquierda. En ciudades universitarias como La Plata, donde la vida estudiantil y obrera se mezclaban intensamente, la violencia política marcó una época. Hebe decía: “La justicia es una palabra, como la libertad, después tiene un contenido. En la época de López Rega ya desaparecieron casi 600 pibes. No desaparecieron: los mataban y los dejaban tirados en la calle para que el pueblo tuviera miedo”.
1977: el comienzo de las rondas y el golpe a las Madres
La desaparición de su hijo la empujó a una búsqueda desesperada que pronto se transformó en organización colectiva. “El primer día no fui, pero el segundo día me avisó la madre de un preso”.
Así comenzó a participar en las primeras rondas en la Plaza de Mayo, en pleno auge de la represión tras el golpe militar de 1976. El momento más duro llegó en diciembre de 1977, cuando la dictadura secuestró a tres fundadoras del movimiento: Azucena Villaflor, Esther Ballestrino de Careaga y María Ponce de Bianco, luego asesinadas en los llamados vuelos de la muerte.
Cuando se llevaron a Azucena, ya había más de 200 madres organizadas, pero el miedo paralizó a muchas. “Éramos 47 madres de La Plata que íbamos y ese día éramos 11. La plaza estaba rodeada de policía, de perros, de gases. Pero un pequeño grupo marchó igual”.
Ese momento sería un punto de inflexión. “Ahí ganamos la batalla. Una batalla que empezó al otro día, casa por casa, madre por madre. Yo decía: ‘Ahora tenemos más razones: tenemos a nuestros hijos y a las madres'”.
Se fueron dando cuenta de las complicidades tocando las puertas. Cuando fueron a ver al embajador de Estados Unidos tras la desaparición de las fundadoras, recibieron una respuesta que las impactó contó Hebe: “Nos dijo: ‘Ustedes tienen sus primeras mártires'. O sea que ya sabían que las habían llevado a la ESMA”.
Las Madres no solo enfrentaron la represión directa. También padecieron infiltraciones, como la del marino Alfredo Astiz. “Para nosotros era un muchacho pobrecito que le faltaba el hermano. En marzo del 78 nos enteramos que era el capitán Astiz que se había infiltrado en las Madres”.
Las persecuciones continuaron: pintadas en sus casas, detenciones cada jueves y vigilancia permanente. En 1979, fundaron la Asociación Madres de Plaza de Mayo, conscientes de una lucha de largo aliento: "Nos llevaban presas, nos golpeaban mucho. A las que sacábamos más la cabeza, por supuesto nos llevaban más. Nos allanaban la casa, éramos perseguidas. Entonces un día dijimos: ‘Che, ¿por qué no formamos una asociación o algo, para que si un día nos llevan a todas, sepan que algo quedó, que alguien hizo algo en este país? Porque si no, no hay nada escrito'”.
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Las instituciones de la "democracia": indultos e impunidad
En la búsqueda de sus hijos, las Madres acudieron a tribunales, iglesias y organismos internacionales: “Nos dijeron que Naciones Unidas iba a encontrar a nuestros hijos. Pero tenías que mandar un certificado de que habías hecho el hábeas corpus. Los jueces no te querían dar ese papel. Decían que no era un almacén para dar recibos”.
Incluso reclamar podía terminar en detención. “Si te enojabas con el juez y le decías lo que sentías, te ponían presa. Mucha gente no sabe eso: te ponían presa por reclamar un papelito”. Ante ese bloqueo, algunas madres improvisaron soluciones.
“Se nos ocurrió robarle al juez el sello y la hojita. Entonces cada madre que presentaba el hábeas corpus, como el juez no se lo daba, lo hacíamos nosotros”.
Hebe de Bonafini también ha denunciado la actitud de sectores de la Iglesia. “En nuestra búsqueda encontramos el desprecio de los jueces y la complicidad de los curas que uno creía que iban a ayudar”; “Los capellanes del Ejército bendecían a los que tiraban a nuestros hijos vivos al río y al mar".
Con el retorno democrático en 1983, las Madres mantuvieron una postura crítica, cuestionaron al gobierno de Raúl Alfonsín y rechazaron la llamada Teoría de los Dos Demonios. Por esa razón decidieron no participar de la marcha que acompañó la entrega del informe de la CONADEP, que definía que a una Argentina "convulsionada por un terror que provenía tanto desde la extrema derecha como de la extrema izquierda”, sostenía el prólogo del "Nunca Más". A continuación indicaba que “a los delitos de los terroristas, las Fuerzas Armadas respondieron con un terrorismo infinitamente peor que el combatido, porque desde el 24 de marzo de 1976 contaron con el poderío y la impunidad del Estado absoluto, secuestrando, torturando y asesinando a miles de seres humanos”.
Las Madres de Playa de Mayo rechazaron la postura adoptada por otros familiares de desaparecidas y desaparecidos respecto a que sus seres queridos fueron meramente víctimas del terrorismo de Estado. Para ella, ante todo, sus hijos fueron parte de los 30.000 que cayeron luchando por cambiar de raíz el sistema de opresión y explotación.
Durante el Juicio a las Juntas, en 1985, Hebe protagonizó una escena simbólica. Cuando el tribunal le pidió que se quitara el pañuelo blanco por ser un “símbolo político”, respondió retirándose. “No me dejan usar el pañuelo en la sala porque queda demostrado que la única condena en este juicio es el pañuelo blanco”.
La confrontación se profundizó durante el gobierno de Carlos Menem, cuando llegaron los indultos a militares responsables de crímenes de la dictadura. “El indulto es la última vergüenza, la última cachetada de este gobierno al pueblo. Un gobernante que hace alianzas con los enemigos del pueblo termina pareciéndose a ellos”.
Para Bonafini, incluso los juicios posteriores no podían reparar el daño. “Por más que condenen a los militares nunca va a haber justicia, porque es muy grande y muy horrible lo que pasó”.
Hebe fue nuestra referencia para hijos de desaparecidos, miles de jóvenes que en los 90 no nos resignamos a la impunidad de los genocidas. Enfrentó a la dictadura y nos enseñó que nunca se podía bajar los brazos
Aun con las diferencias estará PRESENTE siempre en nuestra memoria— Alejandrina Barry (@Barry__Ale) November 20, 2022
<script async src="https://platform.twitter.com/widgets.js" charset="utf-8"></script>Una lucha que no terminó
Hebe de Bonafini nunca buscó un lugar excepcional en la historia. Insistía en que su experiencia debía servir para mostrar que cualquier mujer podía luchar. “¿Cómo querría ser recordada? Como una madre. Como una madre que mostró que además de lavar, planchar y cocinar podemos hacer otras cosas”.
En los últimos años, Hebe adhirió al kirchnerismo, apoyando al gobierno y las políticas de sus principales referentes. Optó por adherir políticamente a la gestión del Estado capitalista encarnada por el kirchnerismo, lo cual derivó a dar por terminada su participación en la Marcha de la Resistencia y hasta definir que en la Casa Rosada “ya no había enemigos”.
El gobierno de Néstor Kirchner frente a un movimiento masivo en las calles que durante décadas venía luchando contra la impunidad y la represión tuvo la política –como tiempo después con el movimiento de mujeres– al otorgar algunas concesiones: trasladar la lucha en las calles en la sola confianza en las instituciones del Estado y la influencia del gobierno, horadando así la pelea "contra la represión, de ayer y de hoy".
Desde 2003 Hebe dejó de tener una actitud clara frente a la criminalización de la protesta social que en esos años mantuvo procesados a casi 5.000 luchadores obreros y populares, una política de Estado sostenida por el kirchnerismo. El alejamiento de las banderas históricas del movimiento de democrático llegó al extremo de negarse a luchar por la aparición con vida de Jorge Julio López: usando como argumento de no se trataba de "un típico desaparecido”, deslizando sospechas de que podría ser parte de una maniobra destinada a perjudicar al Gobierno.
Como luchadoras por los derechos humanos, en los años 90 Hebe y las Madres denunciaron el hambre, la represión de los gobiernos de turno. Fueron aliadas de las lucha de los trabajadores y sectores populares. Un ejemplo claro fue su apoyo incondicional a la experiencia de las fábricas recuperadas. Un momento emblemático quedó fijado cuando Hebe viajó a Neuquén y le entregó el pañuelo a los obreros de la fábrica Zanon que protagonizaban una lucha sin precedentes.
Que en los últimos momentos de su vida se alejara de las banderas históricas de la lucha democrática que ella misma había ayudado a construir, no nos exime de rescatar todas las enseñanzas que dejó en esos años.
Hebe marcó el sentido profundo de la lucha de las Madres en aquellos años 90: “Las Madres los vencimos, porque no dejamos que mueran nuestros hijos. Nuestros hijos no van a morir nunca, porque ya hay miles de pibes que levantan sus banderas. Eso es un acto de justicia”.
Casi cincuenta años después del inicio de aquellas rondas en la Plaza, esa afirmación sigue resonando como una de las definiciones más potentes de la memoria y la resistencia en la historia argentina.
Nuestra generación comenzó a militar marchando con Hebe al grito de ¡Ni un paso atrás!
Nos acompañó firmemente en el proceso de ocupación de fábricas y puesta en producción.
Más allá de las diferencias de los últimos años, eso no se olvida más. Hasta siempre, Hebe.— Myriam Bregman (@myriambregman) November 20, 2022
<script async src="https://platform.twitter.com/widgets.js" charset="utf-8"></script>Fuentes:
Entrevista a Hebe de Bonafini (Asociación Madres de Plaza de Mayo) Realizada por Graciela Di Marco (UNSAM)
Rechazo de las Madres a la CONADEP, el informe “Nunca Más” y la teoría de los dos demonios.
Mateando con Hebe de Bonafini - N° 48 - La historia de las Madres 01
Mateando con Hebe de Bonafini - N° 49 - La historia de las Madres 02
Claudia Lilián Vargas Morán, Nuestros hijos, los revolucionarios. Narrativas y discurso de la Asociación Madres de Plaza de Mayo (1977-2003).
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Techint, centros clandestinos y reforma laboral: la historia que el peronismo oculta
20 de marzo, por A 50 años del golpe — Libertades Democráticas, Lesa humanidad, Dictadura cívico-militar-eclesiástica, Golpe militar en Argentina, Bloque1 A3 3, A 50 años del Golpe, 50 años del golpe de Estado de 1976, Libertades Democráticas, Lesa humanidad, Dictadura cívico-militar-eclesiástica, Golpe militar en Argentina, Bloque1 A3 3, A 50 años del Golpe, 50 años del golpe de Estado de 1976
La historia de los Rocca muestra la continuidad de una burguesía que impulsó la dictadura, se benefició del genocidio de clase y hoy, desde Techint, promovió una reforma laboral esclavista. El peronismo, con Pichetto a la cabeza, defiende el mito de una "burguesía nacional" que nunca fue salvación para los trabajadores: tuvo centros clandestinos en sus fábricas, estatizó su deuda privada y sigue priorizando sus ganancias por encima de los derechos de las mayorías.
¿Cuál es la historia de este grupo encabezado por los Rocca que se levantó gracias a la relación que construyó con el poder de turno y los negocios que hizo con el Estado en la obra pública, en los más de 70 años que lleva produciendo en Argentina? Estos lazos fueron y son determinantes en la historia del gigante de acero que hoy integra un holding con sedes en 27 países.
Las suculentas ganancias las consiguieron a través de los “favores” recibidos por los sucesivos gobiernos y a costa del sudor y la sangre de sus empleados. Así ocurrió, por ejemplo, durante la última dictadura militar, un período del que Techint no quiere hablar y del que, sin embargo, tiene mucho para decir.
¿Cómo se creó el imperio de la familia más rica de Argentina?
De Mussolini a Forbes. De la primera a la tercera generación. Este es el recorrido que hizo el emporio que puso en pie Agostino Rocca y que hoy maneja su nieto Paolo.
Agostino fue un joven “emprendedor” italiano, excombatiente de la Primera Guerra Mundial. En 1921 se recibió de ingeniero industrial y electrónico en el Politécnico de Milán. Poco tiempo después se casó con la heredera de los accionistas de la Banca Commerciale Italiana, lo que le permitió emplearse en Dalmine de Bérgamo, porque este banco controlaba financieramente esa empresa que producía tubos de acero sin costura. Tiempo después, cuando las empresas siderúrgicas fueron estatizadas por Mussolini, se convirtió en el director general del conglomerado de estas compañías y continuó siendo el vicepresidente de la famosa Dalmine de Bérgamo.
Durante la Segunda Guerra, el gobierno fascista reacondicionó las fábricas para la industria bélica y Rocca fue el encargado de su organización. También fue consultor de la Banca Commerciale Italiana.
En 1945 fundó Techint como corporación internacional, pero huyó con la llegada de los aliados y terminó desembarcando en Argentina al año siguiente. En 1948 compró los terrenos en la localidad bonaerense de Campana, a 75 km de la Capital Federal, donde a partir de 1954 instaló Dálmine Safta (Sociedad Argentina para la Fabricación de Tubos de Acero).
Techint heredó la capacidad productiva alemana, origen de los dueños de la empresa Dalmine a comienzos del siglo XX, y se convirtió en la primera fábrica de caños sin costura en Latinoamérica, conocidos por su fuerte resistencia al calor y usados en actividades varias: para la extracción de petróleo, centrales eléctricas, en la industria automotriz y obras civiles, entre otros [1].
Su poder y expansión se basaron en dos líneas directrices: la construcción de establecimientos industriales en el campo metalmecánico y los proyectos y puesta en práctica de obras públicas de gran envergadura ligadas a la industria petrolera, eléctrica y a los montajes industriales.
En 1951 fundó LOSA, productora de ladrillos para la construcción; en 1962 anexó a Dálmine la acería eléctrica Siderca y ese año comenzó a exportar los caños. En 1970 instaló Propulsora Siderúrgica en Ensenada para producir chapas y bobinas laminadas en frío y en Florencio Varela creó la Sidercolor para pre-pintado y revestido plástico de las chapas.
El crecimiento del grupo fue espectacular en pocos años, siendo importante su desarrollo incluso a nivel internacional. El principal cliente de Techint fue siempre el Estado argentino. Tan tempranamente como que en 1949 el gobierno de Perón, a través de un amigo en común, Torcuato Di Tella, le adjudica a Agostino Rocca la obra del primer gasoducto entre Comodoro Rivadavia y Buenos Aires. En 1957, bajo la dictadura gorila de la “Libertadora”, consiguió hacer el montaje mecánico del Alto Horno de Somisa. Al año siguiente, el de Zapla; también lleva a cabo el complejo vial Zárate-Brazo Largo y la galería del Cristo Redentor, que atraviesa la cordillera mendocina entre Argentina y Chile.
Siempre negoció y mantuvo relaciones políticas con todo el arco político burgués. Desde las excelentes relaciones, primero con el gobierno militar, luego con el alfonsinismo y con Menem, quien le entregó en bandeja la privatización de SOMISA a un precio irrisorio, dejando como resultado más de 8.000 trabajadores en la calle. Formó parte de los “capitanes de la industria”.
El fundador de Techint falleció en 1978 y la posta la tomó su hijo Roberto, quien falleció en 2003, cediendo el poder al directorio donde estaban sus tres hijos. Hoy Paolo es el jefe del imperio y forma parte del comité ejecutivo de la Word Steel Association, que nuclea al sector del acero a nivel mundial. Agostino falleció en diciembre de 2001 y Gianfelice se encarga del negocio de salud de la familia, la empresa Humanitas.
Actualmente, los Rocca ocupan en Campana unas 400 hectáreas con 160.000 m2 de edificios industriales, una docena de kilómetros de vías férreas propias, caminos, 500 departamentos, escuelas, campo deportivo, iglesia, club y un canal de 2.000 metros.
Según el ranking Forbes 2026, Paolo Rocca destronó a Marcos Galperín como el argentino más rico, ocupando el puesto 528 a nivel mundial. Rocca lidera con una fortuna de USD 7.300 millones, impulsado por el Grupo Techint, superando al gigante de Marcado Libre (USD 7.200 millones) en el sector energético e industrial.
Los 70: persecución sindical y represión
La madrugada del 22 de septiembre de 1976, Alberto Luis Bedia fue secuestrado en Campana mientras dormía en la casa de sus padres; un grupo de hombres vestidos de civil y encapuchados lo golpearon y se lo llevaron. A Armando Culzoni, Manuel Ignacio Martínez y Raúl Aroldo Moreno les pasó lo mismo. Los cuatro eran obreros de Dálmine-Siderca y sus familias recuerdan los hechos como “la noche de los tubos”. Un ex compañero de sector de Alberto Bedia, Eduardo Pitter, en una entrevista a Victoria Basualdo en 2013, afirmó que días antes de su desaparición le dijo que había descubierto que en la caja de la Oficina de Personal los ejecutivos guardaban una libreta negra que tenía los nombres de los obreros que molestaban a la empresa [2]
Techint y la familia Rocca fueron promotores del golpe militar y apoyaron activamente al gobierno de facto y su política económica, al mando de Martínez de Hoz, conocido de los Rocca de los tiempos en que este ocupaba la presidencia de Acindar.
En Dálmine-Siderca como ocurrió también en otras empresas de la familia Rocca, por ejemplo, Propulsora Siderúrgica en La Plata [3], se persiguió a delegados y activistas con particular saña y se financió a los grupos de tareas que participaban de las sesiones de tortura y posterior desaparición de los trabajadores. En total, 80 trabajadores fueron víctimas del terrorismo de Estado de alguna forma. La empresa invirtió en comisarías donde funcionaron centros clandestinos de detención. Se calcula que hubo más de 10 en la zona de Campana y Zárate. Entre ellos prevalece el Club Deportivo Dálmine que los Rocca tutelaron y financiaron para poner a disposición de los militares, a la vez les cedieron el uso del puerto de la compañía para embarcar detenidos y el edificio Catalinas que Techint tiene en el barrio porteño de Retiro. Este edificio era usado para reuniones de la cúpula castrense. A cambio, las fuerzas controlaban a los trabajadores y los mantenían amenazados dentro del predio industrial. Muchos trabajadores que permanecen desaparecidos fueron secuestrados en las puertas de las fábricas. En general, los mandaban a llamar para que dejen sus trabajos y se acerquen a la portería.
El primer ciclo represivo se produjo en marzo de 1975, en el mismo momento −no casualmente− en que se desató el brutal operativo militar en la cercana ciudad de Villa Constitución, dejando en claro la acción coordinada de las grandes empresas, las fuerzas represivas y el gobierno en el cinturón industrial norte. Entre los años 1976 y 1977 crecieron los secuestros y detenciones y en 1979, durante una importante huelga, volvieron a ser perseguidos. Incluso en 1980 continuaron las desapariciones [4].No hay que olvidar que en el mismo mes que se inició el golpe, los combativos trabajadores de Dálmine venían luchando por conseguir una “coparticipación”, un dinero extra que recibieron en la liquidación del sueldo. Solo tuvo un año de vigencia frente al avance patronal.
El cinismo de la gerencia se expresaba en la figura del presidente de la compañía de aquel entonces, Roberto Rocca, quien, ante el asesinato de un ingeniero activista de la planta, para ocultar el crimen en manos de los grupos de tareas, indemnizó a su esposa “por muerte accidental”. Una actitud similar adoptaban ante la desaparición de los trabajadores de la planta, a los que les computaban asistencia perfecta.
Es importante agregar que, según documentos hallados de la ex DIPBA, el ex suboficial principal de la Fuerza Aérea, Roberto Paulino Nicolini, fue una pieza clave para que funcione aceitadamente el circuito represivo articulado por la patronal. Fue jefe de vigilancia de Cometarsa (otra de las empresas que los Rocca tenían en Campana) y uno de los máximos “agentes especiales de inteligencia” del reconocido Batallón 601 de Inteligencia. La policía interna, organizada bajo su comando, contaba con una red de espionaje distribuida al interior de la planta industrial de Siderca y en toda la ciudad de Campana. Nicolini después creó dos empresas de seguridad, pero siguió vinculado a la empresa, incluso en fechas tan tardías como julio de 1986, donde armaba informes a pedido de la gerencia sobre los obreros que estaban vinculados a actividades del PC y del MAS.
Sin dudas, la empresa se benefició enormemente de la política económica y represiva del período dictatorial a dos niveles. Por un lado, haciendo uso de la bicicleta financiera, obtuvieron grandes préstamos internacionales, fueron proveedores exclusivos del Estado y tampoco faltaron a la fiesta de la obra pública. Incluso años después, cuando el gobierno estatizó la deuda de numerosas compañías, se benefició por al menos USD 186 millones. Por el otro, su estrategia de disciplinamiento social basada en el terror y el miedo logró reducir la cantidad de empleados hacia 1979, aumentando enormemente la productividad y los niveles de explotación, produciendo más con menos obreros. Las ganancias fueron siderales.
Las investigaciones judiciales encontraron valiosos testimonios y pruebas documentales sobre la participación activa de los empresarios y jefes de Techint en la desaparición de obreros. Sin embargo, los procesos se paralizaron y el rol del grupo Rocca en los crímenes quedó impune. Salvo en un caso.
La Cámara Nacional de Trabajo en 2012 falló a favor de Gimena Ingenieros, hija de Enrique Ingenieros, desaparecido en 1977. Ella demandó a la empresa Techint ante la Justicia laboral por considerar que fue responsable de la desaparición de su padre. Luego de que la Cámara del Trabajo reconociera que tenía derecho a percibir la indemnización porque se trató de un delito de lesa humanidad que no prescribe, la Corte Suprema dictaminó que “las acciones de responsabilidad civil derivadas de delitos de lesa humanidad” también “son imprescriptibles”.
Los Rocca, por su parte, solo fueron obligados a pagar una indemnización por una Cámara Civil; siguieron impunes por los crímenes. Pero no fueron los únicos empresarios que quedaron sin condena por haber sido partícipes necesarios del genocidio de clase durante la última dictadura militar.Tenaris y Ternium
Sobre esta base, la familia Rocca se consolidó en el negocio del acero que los llevó a ocupar el primer lugar en el business siderúrgico. Luego, bajo gobiernos constitucionales, continuó con sus negocios expandiendo su capital en varias ramas (Telefónica, Construcción) hasta convertirse en el holding más importante de capital nacional. En 2017, bajo la presidencia de Macri, Techint desembarcó con fuerza en Vaca Muerta a través de Tecpetrol, anunciando inversiones por USD 2.300 millones para el desarrollo del área Fortín de Piedra, que se convirtió en una pieza central de la producción de gas no convencional. En agosto de 2018, Paolo Rocca y Mauricio Macri inauguraron juntos la planta de procesamiento. En los últimos años, Tecpetrol profundizó su negocio energético en la zona, pero también acumula denuncias por contaminación y por la aplicación de fracking vinculado a registros sísmicos de magnitud 4.3. Hoy, el grupo mantiene su centralidad en Vaca Muerta con Tecpetrol operando Fortín de Piedra —que produce el 15% del gas del país— y proyectando alcanzar 70.000 barriles diarios de petróleo en Los Toldos II Este con una inversión de USD 2.500 millones . Sin embargo, a principios de 2026, Techint perdió una licitación clave para proveer caños del gasoducto que unirá Vaca Muerta con Río Negro ante la empresa india Welspun, que ofertó un 40 % menos. El gobierno de Javier Milei celebró la decisión, y el presidente llamó "Don Chatarrín" a Paolo Rocca, acusándolo de hacer "negocios turbios con el Estado". Un giro que expuso la tensión entre el holding y el oficialismo.
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El grupo Techint agrupa sus principales actividades siderúrgicas en dos grandes consorcios internacionales que cotizan en bolsa: Tenaris (tubos de acero sin costura para la industria energética) y Ternium (aceros planos y largos). Ambos fueron consolidados bajo la dirección de Paolo Rocca, ocho meses después de la muerte de su hermano Agostino, el 17 de diciembre de 2001, en las últimas horas de la presidencia de Fernando De la Rúa. A partir de ese momento se convertía en el único heredero del holding que tiene su sede en el Principado de Luxemburgo, lugar elegido como “paraíso fiscal” porque las ganancias están exentas de cualquier impuesto.
Paolo Rocca: de Forbes a Bonadio
El juez federal Claudio Bonadio procesó a Paolo Rocca, CEO del Grupo Techint, en noviembre de 2018 dentro de la "causa de los cuadernos" por asociación ilícita y pago de coimas, con un embargo de $4000 millones. Se le acusó de pagar sobornos a funcionarios del kirchnerismo para que intercedieran ante Hugo Chávez y lograr que Venezuela pagara una estratosférica indemnización por la nacionalización de Sidor, filial del holding en ese país. El dinero fue acercado en 2008 por dos de sus principales ejecutivos, Héctor Zabaleta y Luis Betnaza, y Techint terminó alzándose con USD 1.900 millones.
Paolo ya acumulaba en su haber la citación de la Justicia italiana por el pago de coima en Brasil por USD 9 millones para quedarse con obras de Petrobras en dicho país. Buscan determinar si directivos de Techint utilizaron sociedades offshore y una cuenta en Suiza para pagar sobornos a funcionarios brasileros de Petrobras.
"Don tacharin"
El gobierno de Javier Milei profundiza su ataque contra la clase trabajadora con un plan económico que beneficia a un sector de la clase dominante, la fracción financiera y extractivista, mientras lleva al cierre de fábricas y a la calle a miles de trabajadores. Es el industricidio que ya está dejando familias enteras sin sustento. Pero al mismo tiempo, el gobierno se enoja con empresarios como Rocca, a uien Milei llama "don Tacharin" o Madanes Quintanilla, no por explotadores, sino porque defienden sus propios negocios. No hay enfrentamiento de clases: es una pelea entre distintos sectores del capital.
Frente a esta crisis, el peronismo, con Miguel Pichetto a la cabeza, intenta resucitar el mito de una "burguesía nacional" que sería la salvación. Defienden una burguesia que impulsó el golpe del '76 y el genocidio de clase. La que tuvo centros clandestinos en sus fábricas. La que estatizó su deuda privada. La que hoy, como los Rocca y Madanes, promueve una reforma laboral esclavista, cierra fábricas, despide miles de familias y superexplotan a los trabajadores con salarios miserables.
A 50 años del golpe, ni el gobierno que ajusta ni el peronismo que defiende a los mismos empresarios genocidas de siempre son una opción para la clase trabajadora. Los trabajadores no podemos esperar nada de quienes pactan con los explotadores.
[1] Para más información leer la investigación de Claudio Castro “De la industrialización tardía europea a la sustitución de importaciones latinoamericana: Agostino Rocca y los primeros años de la Organización Techint, 1946-1954”.
[2] Ver Responsabilidad empresarial en delitos de lesa humanidad. Represión a los trabajadores durante el terrorismo de Estado, Buenos Aires, FLACSO y CELS, 2006.
[3] En otra de las plantas de Techint, Propulsora en Ensenada, hubo 19 desaparecidos entre trabajadores y ex-trabajadores, 3 asesinados durante el golpe, al menos 11 detenidos o presos que luego fueron liberados y 4 lograron exiliarse. Datos extraídos en Responsabilidad empresarial en delitos de lesa humanidad, ob. cit.
[4] En Dálmine-Siderca 80 de estos trabajadores y trabajadoras resultaron víctimas de crímenes de lesa humanidad, 39 están desaparecidas, 7 fueron asesinadas, 34 son sobrevivientes. Ver Responsabilidad…, ob. cit.
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Números del horror: Correpi presentó su informe anual sobre violencia estatal contra la población
20 de marzo, por Razón de Estado — Política, Libertades Democráticas, Gatillo fácil, Gendarmería, Prefectura Naval Argentina, Correpi, Violencia institucional, Violencia policial, Servicio Penitenciario Federal (SPF), Policía Federal, Policía Bonaerense, Brutalidad policial, Patricia Bullrich, Servicio Penitenciario Bonaerense (SPB), Policía de la Ciudad de Buenos Aires, Javier Milei, Policía de Seguridad Aeroportuaria (PSA), Principal2 1, Política, Libertades Democráticas, Gatillo fácil, Gendarmería, Prefectura Naval Argentina, Correpi, Violencia institucional, Violencia policial, Servicio Penitenciario Federal (SPF), Policía Federal, Policía Bonaerense, Brutalidad policial, Patricia Bullrich, Servicio Penitenciario Bonaerense (SPB), Policía de la Ciudad de Buenos Aires, Javier Milei, Policía de Seguridad Aeroportuaria (PSA), Principal2 1
Muertes evitables en cárceles y comisarías, torturas, gatillo fácil, criminalización de la pobreza y de la protesta social. En lo que va del gobierno de Milei, los asesinatos a manos de las fuerzas represivas, federales y provinciales, representan un 10 % del total registrado desde diciembre de 1983. La porteña y la bonaerense, entre las policías más letales. Nuevos datos de la Coordinadora contra la Represión Policial e Institucional.
Desde 1996 la Coordinadora contra la Represión Policial e Institucional (Correpi) elabora cada año un informe con el listado de víctimas y el estado de situación en la materia. Desde hace treinta años, ante la inexistencia de registros oficiales garantizada por todos los gobiernos, ese informe representa una de las fuentes más confiables para saber cómo, cuándo, dónde y por qué el Estado mata a ciudadanos y ciudadanas de diversas modalidades.
Este jueves la Correpi presentó su Informe de la Situación Represiva Nacional 2025, con datos actualizados a enero último. “Continuamos actualizando año tras año nuestro archivo a partir de la investigación y relevo de casos en medios nacionales y locales, pero sobre todo a partir de la colaboración y cobertura de medios alternativos y organizaciones que nos hacen llegar información de difícil acceso o que se oculta deliberadamente”, dice el organismo de derechos humanos en su presentación.
En el estudio (que puede verse completo acá) se afirma que con la llegada de Javier Milei y Patricia Bullrich a la Casa Rosada se produjo “un verdadero cambio de régimen”, basado en la reestructuración desde el Estado del “sistema normativo público y privado”, afectando “buena parte de nuestros derechos en todos los órdenes de la vida”.
En ese marco, destaca que “el endurecimiento del sistema penal y la ampliación de facultades a las fuerzas de seguridad” provocaron “un gran incremento de las muertes bajo custodia y los fusilamientos de gatillo fácil, las dos modalidades preponderantes en el Archivo” que confecciona Correpi .
Según la organización dirigida por María del Carmen Verdú, se está ante la presencia de “un récord absoluto de muertes a manos del aparato estatal en sus distintas modalidades”. Récord logrado a partir de un mayor empoderamiento y vía libre para todas las policías y servicios de inteligencia y penitenciarios. También a través del endurecimiento de leyes y normativas, con el hito reciente de la aprobación de la baja de la edad de punibilidad a los 14 años. Y, por supuesto, con la represión a la protesta social como una marca registrada del gobierno de La Libertad Avanza.
Bajo el gobierno de Milei, se denuncia, “todas las fuerzas de seguridad son compatibilizadas expresamente con la reinstalación de la Doctrina de la Seguridad Nacional y las fronteras ideológicas, para perseguir a los ‘enemigos' marcados desde el gobierno y en especial por el Ministerio de Seguridad Nacional, dejando en evidencia el rol de ejecutor de las políticas de EEUU y su socio, el Estado de Israel”.
El informe consigna que entre el 10 de diciembre de 1983 y el 20 de enero de 2026 se contabilizaron 10.181 muertes en Argentina provocadas por las fuerzas represivas estatales con diferentes modalidades. De ese total, 1.056 (el 10,4 %) se produjo durante los primeros 25 meses del gobierno liberfacho. “Nunca -ni siquiera en la anterior gestión ministerial de Bullrich bajo la presidencia de Macri- un gobierno llegó tan lejos en la expresa legitimación del gatillo fácil como política de Estado”.
Agrega que “en la categoría de muerte de personas privadas de su libertad, que incluyen cárceles, comisarías y todo otro lugar de detención (incluso patrulleros), confluyen los clásicos ‘suicidios', que encubren, en una enorme proporción, la muerte por aplicación de tormentos, e incendios que se inician como medida de protesta o pedido de ayuda y que, invariablemente, no se presta auxilio o se hace tardíamente. Por otra parte, las muertes violentas por heridas de arma blanca son, en muchos casos, ejecuciones por encargo de los servicios penitenciarios, que usan para ello los llamados ‘coches-bomba' (sicarios)”.
“También se registran de manera creciente fallecimientos por enfermedades que nunca causarían la muerte con una mínima atención médica (apendicitis, hepatitis, tuberculosis, diabetes, etc.). La muerte de personas bajo custodia de funcionarios de las fuerzas de seguridad, en cárceles, comisarías u otros lugares de encierro es la modalidad de mayor incidencia numérica”, afirma Correpi .
Sociedad encarcelada
Como causal de estas muertes aparece un largo y progresivo proceso de encarcelamiento ocurrido durante las últimas décadas, con el endurecimiento de penas y demás recursos punitivos sobre la población. Proceso profundizado a partir de las llamadas “Leyes Blumberg” del año 2004, impulsadas por el gobierno de Néstor Kirchner. Desde entonces las cárceles y comisarías de todo el país nunca dejaron de llenarse de jóvenes, sobre todo pobres, quienes mayoritariamente pasan años encerrados sin tener siquiera una condena en primera instancia.
Correpi recuerda que “en 2001 había 34.000 personas privadas de su libertad en todo el país” y que hoy ese número “ronda al menos 135.000 y con un ritmo creciente”. Y aclara: “Las causas de esta suba masiva de la tasa de encarcelamiento no corresponden a un aumento similar de los índices de delitos en el mismo período, que, por el contrario, descendieron. En 2001, la tasa de homicidios dolosos era de 8,6 cada 100.000 habitantes. En 2025, descendió a 3,7. Es similar la diferencia en delitos como robo, robo agravado y robos en grado de tentativa”.
Diferentes uniformes, una misma violencia
Respecto a los crímenes cometidos en lo que va de gobierno de Milei, en su desglose por fuerzas actuantes en cada muerte Correpi muestra “una imagen precisa de la intervención de cada una. El 60,15 % de las muertes (622 casos) corresponde a los servicios penitenciarios provinciales y federal; le siguen las policías provinciales con el 31,24 % (323 muertes); la Policía de la Ciudad, 4,74 % (49 muertes), la Policía Federal, 2,80 % (29 casos) y bastante más lejos Gendarmería (6 muertes); Prefectura (2 muertes) y otras fuerzas como las Armadas”.
Entre las fuerzas locales más asesinas están la Policía de la Ciudad y la Policía Bonaerense. Ambas son conducidas desde años por gobiernos de signos políticos opuestos. Una por el macrista PRO y la otra por el peronismo de Unión por la Patria. En los últimos nueve años, siempre según el informe de Correpi , la Policía porteña asesinó a 195 ciudadanos y la bonaerense a 630. Teniendo en cuenta la cantidad de efectivos que integra cada fuerza, ambas tienen altísimas tasas de asesinatos.
En ese marco, si se excluyen del análisis los casos protagonizados por personal de penitenciario, “que en casi su totalidad corresponden a muertes bajo custodia”, y se hace foco en el resto de las fuerzas, “resulta abrumadora la incidencia del uso del arma reglamentaria fuera de servicio”. Por eso Correpi insiste en “la prohibición a todas las fuerzas de la portación y uso del arma reglamentaria fuera de servicio y de civil, lo que redundaría de inmediato en una baja importante del gatillo fácil, además de disminuir las muertes intrafuerza”.
Siempre, contra la juventud y los sectores populares
“Si desglosamos por rango de edad, excluyendo los casos en que carecemos del dato de la edad, en la mayoría de muertes bajo custodia, la franja de 15 a 25 años es la más afectada durante la gestión Milei, y representa el 40 % del total, seguida por el 28 % entre 26 y 35. Niños y niñas de menos de 14 años representan el 5 % y las personas de 36 a 45 años, el 17 %”, detalla el informe de Correpi .
En sus conclusiones, el texto remarca que “así como da cuenta de una política de control y disciplinamiento social propia de un sistema de división de clases, el análisis comparativo de las diversas gestiones es prueba eficiente de cómo se agrava cuando, como sucede hoy, la brecha de desigualdad se profundiza”, en referencia al plan económico en curso, una de cuyas características es la larga lista de daños ocasionados en lo social.
Imagen La Caja Roja
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